

El 24 de febrero Vladimir Putin lanzó sus tropas desde Bielorrusia hacia la capital, Kiev, al tiempo que desde Crimea, territorio ocupado por Rusia en 2014, penetraba por el sur.
La central nuclear de Chernóbil, tristemente conocida por la catástrofe de 1986, también era objeto de esta ‘operación relámpago’.
Las víctimas civiles se cuentan por cientos o quizá, por miles, los ucranianos que han huido del país superan ya los 3,5 millones y las huellas de la destrucción han marcado el país.
Del lado ruso: No se sabe cuántos soldados fallecieron.
El Ministerio de Defensa de ese país calculó casi 500 militares muertos el pasado 2 de marzo y desde entonces no ha actualizado más cifras. Ese número se aleja exponencialmente del que estima la OTAN, que indicó este miércoles que, sumando muertos y heridos, Rusia perdió entre 30 mil y 40 mil hombres, entre los cuales entre 7 mil y 15 mil murieron.
Del lado ucraniano: la semana pasada se estimó que unos mil 300 miembros del servicio de dicho país habían muerto.
Pero también es probable, según diferentes analistas, que el Gobierno de Ucrania no esté revelando los números completos.
Las bajas civiles: hasta el 23 de marzo, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se registran casi mil civiles muertos, de los cuales 81 son niños, pero se teme que la cifra sea mayor. Ese mismo cálculo señala que hay, además, mil 594 civiles heridos.
Son miles los niños que han tenido que morir y vivir en una guerra que no han elegido…
El mayor conflicto bélico en suelo europeo desde la guerra de los Balcanes está teniendo también importantes efectos a escala global.
La invasión ha alterado el mercado energético y los precios, que ya habían experimentado una importante subida en numerosos países tras la pandemia, se han disparado, con niveles de inflación que no se veían en décadas, al tiempo que las propias sanciones a Rusia amenazan por perjudicar a quienes las han impuesto.
Con todo, la puerta del diálogo se mantiene abierta. Hasta ahora las negociaciones entre Rusia y Ucrania han sido infructuosas, pero desde la parte agredida se insiste en seguir hablando, mientras Rusia se aferra a su pretensión de que Kiev se distancie de Occidente y quede bajo su esfera de influencia.