Luego de confirmarse la continuidad del proyecto deportivo en Jalisco para los siguientes seis años, el título de actuales campeones nacionales peligra. Y su reelecto titular lo debería tomar con muchas precauciones y ponerse a trabajar en serio, y no para pensar en futurear como lo dijo durante su designación, donde ante la sorpresa de muchos, se atrevió a decir que en este período sentará las bases para consolidar el deporte de Jalisco para el 2050. Por favor, dejemos de vender humo y regresemos a las bases de trabajar para y por la niñez de la Entidad.
Jalisco se enfrentará el próximo año a la competencia deportiva más difícil de su historia, puesto que los juegos nacionales u olimpíada nacional, como parece que retomaría su nombre, tendrán varias modificaciones en su estructura y sistema de participación, que si no son atendidas con anticipación y gestionadas debidamente, Jalisco podría perder esta justa deportiva para sorpresa de muchos, lo que ocasionaría la revisión de la gestión deportiva en turno.
Y sobre aviso no hay engaño. Si no se trabaja debidamente, la selección más campeona del país por muchos, muchos, muchos años, puede sufrir el revés más duro de las últimas administraciones.
Y que no vengan después las típicas frases de “algún día teníamos que perder”, o “no siempre se puede ganar”. Jalisco tiene todo, todo, para seguir demostrando su hegemonía en el deporte nacional. Sólo es cuestión de seguir trabajando por tener a los mejores entrenadores, a los mejores atletas, con los mejores entrenamientos, en las mejores instalaciones, con los mejores presupuestos, para tener las mejores preparaciones…
El órgano rector debe recordar cuál es su ADN y dejar de ser promotor de deportes profesionales, de eventos internacionales y relaciones públicas. Hay que seguir teniendo la mejor captación y visoría de niños y niñas, porque a final de cuentas, son ellos y ellas quienes han puesto al Estado en el primer lugar de nuestro país.