La afamada, amada y temida crítica ha categorizado desde siempre lo bueno de lo malo, lo aceptado de lo no tanto y un poco más lo popular de lo desechable esto en cada rama de las artes.
El cine, la música, el teatro, cada arte lleva consigo sus propias leyendas, sus parámetros y por ende la evolución de los mismos con el paso del tiempo trae nuevos referentes, nuevas modas, nuevos ídolos.
Hablar del cierre del 2024 es hablar de innovaciones, una sobre estimulación al espectador para satisfacer las necesidades para cumplir expectativas y con ello abrir puertas a una era en donde todos los comentarios son escuchados, y donde cada perspectiva puede ser la del mundo de cada individuo.
Desde la crítica, la subjetividad puede llegar a ser un privilegio muy bendecido o un castigo digno de la “cancelación”, situación que no distingue género, raza o trayectoria profesional.
Hablar de la crítica es tocar el tema reciente de Eugenio Derbez, inmiscuido en un descuido en su sinceridad al poner una lupa en la participación de Selena Gómez en la cinta “Emilia Pérez” misma que le ha valido una nominación a los globos de oro.
La crítica del comediante mexicano no hace menos la interpretación de la cantante y actriz estadounidense, sin embargo, la presión social que llevó a Derbez a disculparse con la propia Selena Gomez, nos habla de una línea bastante delgada para poder exteriorizar nuestras propias opiniones.
Desde poder ser tachados de insensibles hasta poco profesionales, puede valer nuestro juicio de opinión, para preguntarnos dónde queda nuestra libertad de expresión, donde está nuestro valor integral como individuos que piensan diferente, la diversidad nos multiplica así como también el no pensar igual, no opinar similar e incluso no aplaudir las mismas cosas quedamos claro también nos convierte en ricos, o bien, nos hace disfrutar de “El privilegio del juicio”.