Desde antes de que Donald Trump ganara las elecciones presidenciales en Estados Unidos, las expectativas y malos augurios con respecto a México se desbordaron. Temor, incertidumbre, cálculos desastrosos y después, cuando ganó, un horizonte plagado de amenazas.
Con la llegada del republicano hoy a la Casa Blanca (la ceremonia en Washington inicia a las 10:47 de la mañana, hora del centro de México) el mundo está en vilo y dentro de unas horas o quizá ya, dependiendo de a qué hora esté leyendo esta columna, sabremos cuáles fueron sus primeras decisiones firmadas en el salón presidencial del Capitolio, después de su discurso inaugural.
Por lo menos dos hechos previos dan noticia del poder de Trump, del efecto de sus declaraciones: el cese al fuego en Gaza y la dimisión de Justin Trudeau como primer ministro de Canadá. Aparte de eso, más allá de manifestar su deseo de cambiarle el nombre al Golfo de México, hay intenciones de intervención y expansionistas en varios frentes. Reaparecen los fantasmas de la Doctrina Monroe y el Destino manifiesto y Panamá, Canadá e incluso Groenlandia están en la mira.
De todo el mundo, parece que las peores expectativas son para nuestro país (menos remesas, caída en las exportaciones y reducción en el ritmo de las inversiones, devaluación e inflación), sin embargo, efectivamente mientras el mundo está en vilo, en México, el Gobierno de Claudia Sheinbaum no se ha paralizado, no está de brazos cruzados ni esperando en silencio las primeras firmas de acuerdos ejecutivos desde Washington a partir de hoy.
Después de las elecciones de noviembre pasado en la Unión Americana, la información sobre las relaciones entre México y Estados Unidos ha sido abundante. Y no sólo se han generado notas o se han hecho declaraciones, se han tomado decisiones muy importantes o se han concluido procesos que dan idea de planes y estrategias sobre todo en tres temas: migración, drogas y comercio e industria. Voy por partes.
En el caso de las declaraciones, muy importantes en un contexto mediático, vertiginoso y cambiante, han sido muy bien recibidas las expresiones de la Presidenta Claudia Sheinbaum respecto a que con Estados Unidos se mantendrá una relación respetuosa, de colaboración, pero no de subordinación; y su confianza en que, específicamente con Trump, habrá una buena relación.
En el tema migratorio, bajo la amenaza de deportaciones masivas, la Presidenta de México ha reiterado que hay un plan que se dará a conocer en caso de ser necesario, precisamente para atender a los paisanos. Y el viernes pasado, en un hecho concreto, se celebró un encuentro en la Secretaría de Relaciones Exteriores por iniciativa de las presidentas de México y de Honduras, Xiomara Castro, presidida por el canciller Juan Ramón de la Fuente “Reunión sobre Movilidad Humana en la Ruta Norte del Continente”.
Participaron ministros, viceministros y delegados de Belice, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Guatemala, Haití, Venezuela y Honduras. Ahí, De la Fuente dijo: “la migración no puede verse como un problema, sino un fenómeno extraordinariamente complejo. Bajo esa perspectiva de derechos humanos vamos consolidando regionalmente un modelo que es capaz de atender las distintas fases y las distintas dimensiones del fenómeno. Un modelo que está en un proceso de construcción colectiva y dinámica, que es perfectible y es flexible”.
En cuanto al narcotráfico, Donald Trump ha amenazado con aumentar aranceles y endurecer las medidas contra los migrantes si en México no se combate; aparte de insistir en declarar a los cárteles como terroristas con fines intervencionistas. En este sentido, desde hace semanas, además de la noticia de un decomiso impresionante de fentanilo, las declaraciones de la Presidenta también han sido importantes y firmes con respecto a tres asuntos: ¿qué se hace para prevenir y combatir el consumo en Estados Unidos? ¿Qué pasa con el tráfico de armas que surten a los cárteles mexicanos? Y ¿quién distribuye la droga en el vecino del Norte? Es hora de que el Gobierno de Estados Unidos asuma estas responsabilidades y actué en consecuencia, de manera coordinada, colaborando con un propósito común y benéfico para los habitantes de ambos lados del Río Bravo.
Y en materia económica, en los últimos días se ha generado información sobre hechos que permiten afirmar que México está atento a otros mercados y a dinámicas vinculadas con Estados Unidos pero focalizadas en estados y regiones, particularmente con Arizona y Detroit.
Antes de esto, por supuesto, Sheinbaum ha dicho en varias ocasiones que a nadie conviene una guerra arancelaria y el Plan México que recién se presentó incluye medidas como la sustitución de importaciones, no sólo con dedicatoria a China. Además, se ha informado con insistencia de las aportaciones de los trabajadores mexicanos a la economía de Estados Unidos.
El 14 de enero pasado Juan Ramón de la Fuente se reunió con la gobernadora de Arizona en Phoenix, Katie Hobbs; y ella reiteró su intención de mantener una relación estrecha y coordinada con el gobierno de México. Nuestro país es el principal socio comercial de Arizona.
En Detroit, fue el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien participó en el foro Driving Shared Properity: The Critical Role of Open Trade in the Auto Industry , donde dijo que la industria automotriz estadounidense requiere de México para ser competitiva frente a empresas de otras regiones y ofreció un dato: el comercio automotriz representa 22% del comercio total en el marco del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
Con relación a otros mercados, la Unión Europea (UE) dio a conocer también el viernes pasado, la firma de un Acuerdo Global modernizado con México, un tratado que se empezó a revisar en 2016, se continuó en 2020 y finalmente se concluyó. Marcelo Ebrard y el comisario de Comercio y Seguridad de la UE, Maroš Šefčovič, celebraron un compromiso político con ese fin. El acuerdo establece “un marco ambicioso y moderno para profundizar y ampliar el diálogo político, la cooperación y las relaciones económicas entre la UE y México”, con oportunidades para incrementar las exportaciones agroalimentarias, fomentar el desarrollo sostenible y combatir prácticas de corrupción en los sectores público y privado. El acuerdo no es, pues, sólo económico, incluye promoción y protección de derechos humanos, multilateralismo, paz y seguridad internacionales así como migración e igualdad de género. Sobre este acuerdo la información es abundante y muy interesante, accesible además, totalmente, aunque sólo en inglés, en el sitio de la UE.
Declaraciones y decisiones con respecto a la relación con Estados Unidos han sido recurrentes, incluso en el mensaje de los primeros 100 días de gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum; en ningún caso se ha manifestado incertidumbre ni temor, hay planes, hay acciones, hay diversificación en la mira y firmeza en las posturas ante un presente, sin duda, desafiante.