Desde el gobierno federal y con eco en las voces de Morena, se pide a la ciudadanía tener “cabeza fría” ante las amenazas del nuevo presidente de los Estados Unidos, que podrían traducirse en cientos de miles de deportaciones de hermanos mexicanos que trabajan y han desarrollado una vida en el país vecino. Se nos pide cabeza fría y paciencia para esperar los alcances en materia económica y de seguridad nacional que podrían derivarse del aumento del 25% a los aranceles de productos mexicanos y de la declaratoria de emergencia en la frontera sur estadounidense.
Nuestra presidenta pide “unidad” frente a los inminentes riesgos de una relación bilateral que, a todas luces, es desventajosa para nuestro país. Sin embargo, lo que no se dice es que la situación en la que hoy nos encontramos tiene su origen en las acciones —o la ausencia de éstas— de un gobierno federal ocurrente e indiferente a los problemas nacionales. Es un gobierno que, por falta de oportunidades laborales y de apoyo económico, ha obligado a miles de familias a emigrar; un gobierno que ha tolerado la inseguridad y el desplazamiento de comunidades enteras que encuentran refugio en el extranjero; un gobierno que ha desmantelado la competencia económica leal mediante la desaparición de órganos autónomos como la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT); un gobierno de caprichos que ha debilitado al Poder Judicial con la intención de capturarlo, sin importar la incertidumbre que esto genera en la inversión y el cumplimiento de acuerdos internacionales como el Tratado de Libre Comercio.
La llegada de Donald Trump como presidente número 47 de los Estados Unidos no destapó la caja de pandora ni trajo nuevos retos o problemas a México. Lo que hizo fue evidenciar el grave daño que causan la centralización del poder, la destrucción institucional y la crisis de soberanía nacional provocadas por Morena.
En el PAN coincidimos en la necesidad de unidad, pero esta unidad debe centrarse en la exigencia de un gobierno federal que actúe con firmeza para fortalecer nuestro estado de derecho, que se ocupe de los retos internos, que proteja el bolsillo de las familias trabajadoras, que aplique la ley con justicia y no de manera selectiva, y que actúe con determinación contra el crimen organizado. Sólo así, con un fortalecimiento institucional y una lógica de protección a la dignidad humana, podremos entablar, en un contexto global, una relación de colaboración y cooperación con Estados Unidos que no implique subordinación.
Hoy, la cabeza fría y la paciencia no caben. Es momento de actuar.