Desde siempre, mucho antes de estudiar formalmente Historia, me han gustado los mapas, tanto, que desde que internet apareció en el mundo, busco y descargo, entre otros documentos claro está, mapas, con la idea de, algún día, imprimir y enmarcar unos cuantos porque además hay unos bellísimos.
Como el lector podrá suponer, en los últimos días encontré otra utilidad en estos mapas (además de recurrir a ellos para ilustrar diversos temas históricos, por ejemplo, aquel conflicto de límites territoriales entre Jalisco y Colima a finales del siglo XX que terminó en la congeladora del Senado).
Por un lado está el asunto de la orden ejecutiva de Donald Trump para cambiarle de nombre al Golfo de México y, por otro, barbaridades derivadas de tal decreto proferidas por individuos que no son historiadores y que, con tantos seguidores como tienen en redes sociales sí causan confusiones y desinforman; inaceptable por donde se le vea. Me refiero específicamente a José Miguel Zunzunegui.
Sobre la orden del presidente de Estados Unidos, pues resulta que aplica sólo para la plataforma continental y las aguas exclusivas que pertenecen al vecino del norte y así está expresado en el mismo decreto: “Por lo tanto, dentro de los 30 días a partir de la fecha de esta orden, el secretario del Interior, de conformidad con el Título 43 del Código de los Estados Unidos, artículos 364 a 364f, tomará todas las medidas apropiadas para cambiar el nombre de ‘Golfo de América’ a la zona de la Plataforma Continental de los Estados Unidos delimitada al noreste, norte y noroeste por los estados de Texas, Luisiana, Misisipi, Alabama y Florida y que se extiende hasta el límite marítimo con México y Cuba en la zona anteriormente denominada Golfo de México”. Así es, hay límites marítimos.
Entonces, aun cuando el GNIS (siglas en inglés de Sistema de Información de Nombres Geográficos) de Estados Unidos aplique los cambios, no los hará en la zona que le pertenece a nuestro país, no se puede; y tampoco puede cambiar referencias internacionales que se usan para la navegación marítima y aérea, la pesca, la exploración y la enseñanza de la Geografía universal y de la Historia.
Y por otro lado está el ascenso de dizque historiadores, muy viscerales aparte de todo, que creen que saben pero no, el problema es que aparentan que sí y hay personas que les creen. El propósito aquí es decir lo que sí es y no dejar pasar falsedades, no hay nada personal.
En un primer momento, Zunzunegui afirma contundente que el Golfo de México se empezó a llamar así a partir del siglo XIX y que no había necesidad de presentar mapas falsos (en referencia a la exposición que se hizo en una de las mañaneras antes de que tomara posesión Donald Trump). El mapa que se presentó el 8 de enero es el de Petro Kærio del año 1607 y es real. En él, además del concepto de América Mexicana aparece también “Golfo mexicano”.
Encontré un mapa anterior, de 1581. Lo resguarda la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos e identifica como cartógrafo a André Thevet y como editor a Guillaume Chaudière, se publicó en París; agrego aquí un detalle para apreciar que ya se le denominaba Golfo de México, en francés.
Esto no cambió, si acaso, en lugar de llamarlo Golfo de México, se le nombraba Seno mexicano. Hasta ahora, no tengo ningún mapa ni he encontrado otros donde se le nombre Golfo español o Golfo de Nueva España como afirma Zunzunegui.
En el mismo video, el youtuber asegura que no existe un concepto de América mexicana, que es una mentira de la Presidenta Sheinbaum. Se refirió específicamente al decreto de la Constitución de Apatzingán (aparte de que aparece en el mapa de Kærio) de 1814. Así se nombró desde esa fecha y los documentos originales se conservan. Dejo aquí también una ilustración de un papel que se publicó el 25 de octubre de 1814 (el decreto es del día 22 anterior), donde se da cuenta de los trabajos del “Supremo Congreso Mexicano”, sí, mexicano, que tuvo a bien sancionar el “Decreto constitucional para la libertad de la América mexicana”.
El tercer punto en el que el doctor en Humanidades se equivoca, es el relativo a que ningún pueblo prehispánico navegó las aguas del Golfo de México. La investigadora del INAH, María Eugenia Ramos, participa en un proyecto desde 1984 para investigar la navegación maya y ha publicado artículos al respecto; y hay un libro de Mariana Favila Vázquez, del INAH también, titulado: La navegación prehispánica en Mesoamérica (2020). En ambos casos, sobre todo el primero, se refieren a navegación marítima.
Y, finalmente, en un caso dramático de ignorancia, Zunzunegui sostiene enfático que el Golfo de México no le pertenece a México, que son aguas internacionales. Es sabido que a todos los países con litorales les pertenecen la plataforma continental y una zona económica exclusiva en la que los países vecinos se pusieron de acuerdo hace décadas. En el caso de México, si fueran aguas internacionales, y nada más para poner un ejemplo, ¿qué pasaría con las plataformas petroleras?
Del Golfo de México hay mapas españoles, británicos, franceses, italianos, estadounidenses incluso, donde se nombra así o, como dije, Seno mexicano (Senus mexicanus, Gulph of Mexico, Golfe de Mexique). Y hay uno donde se nombra de las dos formas: “Golfo de México o Seno mexicano”; es un mapa de 1779 y lo resguarda el Archivo General de Indias.