En el marco del Día Internacional de Protección de Datos Personales, reflexionar sobre los retos que enfrenta la autoridad garante en México resulta crucial. El desarrollo tecnológico y la adopción de herramientas de inteligencia artificial, como la recién aparición de “Deepseek”, una IA de origen chino, imponen desafíos y exigen acciones concretas y coordinadas.
La IA está transformando cómo las organizaciones recopilan, analizan y utilizan los datos personales; tecnologías como la china que mencionamos, amplían las capacidades para procesar y analizar grandes volúmenes de datos en tiempo real; sin embargo, también representan un riesgo latente para la privacidad.
La regulación en México, ante tecnologías emergentes requiere una revisión crítica y, nos invita a plantearnos: ¿cuán alineadas están nuestras normativas con las nuevas realidades tecnológicas? ¿Qué tan preparadas están las autoridades garantes y más con la incertidumbre e indefinición legal derivada de la reforma constitucional, para fiscalizar estas prácticas en un contexto de innovación constante y globalidad?
Uno de los temas más apremiantes son los neurodatos, información que se genera a partir de la actividad cerebral. Este tipo de información extremadamente sensible, plantea interrogantes éticos y legales sobre su recopilación y uso, por lo cual, el pensamiento y su privacidad, deben ser protegidos con los más altos estándares y desarrollar nuevas normativas específicas para las neurotecnologías.
Por otro lado, el Big Data, columna vertebral de muchas apps de IA, también impone retos: la capacidad de analizar millones de datos para generar perfiles predictivos plantea diversos dilemas como la discriminación algorítmica, toma de decisiones automatizada y vigilancia masiva, riesgos que deben abordarse desde la transparencia y una perspectiva de derechos humanos. En este sentido, la autoridad tiene que desarrollar capacidades que permitan auditar algoritmos y garantizar la confianza en su funcionamiento.
Además, la competencia por el liderazgo de la industria de IA, puede derivar en la implementación de sistemas sin evaluación adecuada del impacto a la privacidad. Los casos actuales muestran cómo la competencia es feroz y tiene impactos de todo tipo en lo económico y político, pero sobre debe darse certeza y fortaleza a la autoridad de datos y contar con mecanismos de colaboración con otros entes.
En este escenario, la capacitación y profesionalización son fundamentales, comprender el funcionamiento técnico de la IA, sus implicaciones legales y éticas, serán un reto para regular eficazmente este ecosistema. Asimismo, se requiere un marco normativo flexible y autoridades fuertes, capaces de actuar de manera proactiva y adaptativa.
Finalmente, es esencial fomentar una cultura de privacidad y buenas prácticas en todos los sectores, para mitigar riesgos y fortalecer la confianza ciudadana.