Donald Trump continúa con sus políticas antimigrantes. En menos de dos semanas ha hecho de todo y ha ordenado a diestra y siniestra la persecución y deportación de migrantes. A pesar de ello, no parece haber saciado sus ansias de llevar a cabo las históricas deportaciones que prometió en campaña y que sus votantes están ávidos de ver cumplidas. En este contexto, el presidente firmó este miércoles una nueva orden ejecutiva para habilitar en la base naval de Guantánamo en Cuba, un centro de detención para migrantes considerados por el republicano “delincuentes de alta prioridad”. “Algunos de ellos son tan malos que ni siquiera confiamos en que los países los retengan, no queremos que regresen, así que los vamos a enviar a Guantánamo”, mencionó el mandatario.
Las autoridades proyectan que el nuevo espacio pueda recibir hasta 30 mil migrantes, lo que implica ampliar a su máxima capacidad el Centro de Operaciones Migratorias de la Estación Naval de la Bahía de Guantánamo, que funcionó por primera vez como centro de detención migratoria en la llamada “crisis de los balseros”, en la década de 1990, cuando retuvieron a cubanos y haitianos interceptados en el mar para luego ser deportados a terceros países; posteriormente recibió a decenas de detenidos acusados de terrorismo luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, en lo que denominó George W. Bush su “guerra contra el terrorismo”.
La base de Guantánamo está ubicada en el sureste de Cuba, en una superficie de 117 kilómetros cuadrados. Es un territorio arrendado por el país isleño a Estados Unidos a perpetuidad desde 1903, tras la guerra hispano-estadunidense.
Para rematar lo hecho por Trump el miércoles, ese mismo día firmó en la Casa Blanca su primera legislación como presidente, la llamada Ley Laken Riley, que facilitará el arresto y deportación de extranjeros “indocumentados” acusados de delitos menores.
Por donde se le vea, las disposiciones migratorias de Donald Trump no tienen otra motivación que criminalizar a las personas migrantes que no cuentan con el derecho de permanecer en sus comunidades de origen y, por lo tanto, buscan un lugar donde construir un futuro, aportando su trabajo en las comunidades de arribo.
Lo más preocupante de las políticas antimigrantes de Trump es el amplio respaldo que están obteniendo no solo de muchas autoridades estatales y de miembros de ambos partidos del Congreso federal, sino de la comunidad en general que ha comenzado a darle a la Casa Blanca el espaldarazo a sus prácticas y discursos contra los migrantes.
Esta situación resulta mucho más delicada que las redadas y deportaciones mismas, pues transforma la cotidianidad migrante en un escenario altamente vulnerable donde muchos ciudadanos estadunidenses se vuelven visores y denunciantes colaboracionistas del gobierno a fin de expulsar a quienes consideran “malas personas que llevan a cabo una invasión de su país”.
En el octogésimo (80) aniversario de la liberación del campo de concentración nazi en Auschwitz, resulta muy preocupante la orden de Donald Trump para mandar a los migrantes “indocumentados” detenidos en Estados Unidos a la base militar de Guantánamo.