A lo largo de su historia como nación independiente, poco más de 200 años apenas, México ha atravesado por momentos cuya carga histórica y simbólica pesa en mayor o menor medida dependiendo de las circunstancias, las coyunturas, los contextos. En las últimas semanas, en los últimos días, esta realidad se antoja más marcada dados los cambios políticos en el vecino del Norte y las primeras decisiones del presidente Donald Trump.
Aparte de todo se han dado coincidencias, como la del domingo pasado, cuando se cumplieron 177 años de la invasión estadounidense a nuestro país que concluyó con la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio con la firma el 2 de febrero de 1848 del Tratado Guadalupe-Hidalgo, un episodio de nuestra historia de los más dolorosos que poco queremos recordar.
Y la coincidencia ayer, con la celebración del 112 aniversario de la Marcha de la Lealtad, un acontecimiento con antecedentes importantes casi desde la creación del Heroico Colegio Militar.
La Marcha de la Lealtad es simbólica por donde se le vea. Específicamente se refiere al trayecto que recorrió el presidente Francisco I. Madero desde el Castillo de Chapultepec hasta el Zócalo de la Ciudad de México justo el día que marca el inicio de la conocida en términos históricos como “Decena trágica”.
¿Y por qué es así? Porque Madero, a caballo, avanzó escoltado por cadetes del Colegio Militar. En la ceremonia de ayer en el Castillo de Chapultepec, el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, recordó por supuesto ese episodio del 9 de febrero de 1913, pero también otros momentos en los que los cadetes desempeñaron un papel heroico.
Se remontó al año 1827, cuando los jóvenes militares en formación participaron en la disolución de los disturbios por el Plan de Montaño al que si bien convocó el teniente coronel Manuel Montaño en Otumba, y por eso lleva ese nombre, quien estaba detrás de la sublevación era el vicepresidente Nicolás Bravo, en una acción contraria a las decisiones y operación del presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos, Guadalupe Victoria.
El secretario de la Defensa también recordó la participación de los cadetes en el Motín de la Acordada en 1828. Aquel en el que José María Lobato se inconformó e impulsó a Vicente Guerrero para que ocupara la Presidencia de la República después de que había perdido las elecciones frente a Manuel Gómez Pedraza. En estas acciones, pero en Veracruz, también participó Antonio López de Santa Anna que apoyaba a Guerrero.
En 1840 hubo otro episodio, poco conocido, en el que ciertamente los cadetes mostraron su lealtad a la figura presidencial –en ese momento Anastasio Bustamante– pero los sublevados, encabezados por José Urrea, se manifestaron contra la república centralista y a favor del federalismo. Un hecho del que muy seguramente no se habla tanto justo por las contradicciones implícitas o por los resultados al cabo de pocos años, es decir, el fin del centralismo y la reinstalación de la República federal.
Y luego está, en el periodo 1846-1848, la defensa de México en el marco de la invasión abusiva de Estados Unidos, en la que, por cierto, no sólo los cadetes, más de seis sin duda, enfrentaron a las tropas estadounidenses: los habitantes de la ciudad también lo hicieron, con lo que pudieron. Quien urdió esta invasión fue el presidente del vecino del norte, James Polk, quien desdeñó una férrea oposición en su mismo país (de Abraham Lincoln y William Jay, entre muchos otros), pero los afanes expansionistas pesaron más, por supuesto. Es en este contexto que mexicanos conservadores y con dinero apoyaron al presidente de la Unión Americana y fueron conocidos como “los polkos” (cualquier parecido con la realidad hoy, es mera coincidencia).
Hubo casos de lealtad y defensa durante la intervención francesa y después nos vamos hasta la “Decena trágica” en cuyo desarrollo, vale recordar, además de la traición imperdonable de Victoriano Huerta, quien estuvo detrás, moviendo hilos e influencias, comprando medios de comunicación y operando de diversas formas y por su cuenta, fue el embajador de Estados Unidos en México ¿casualmente? Estoy hablando del detestable Henry Lane Wilson, enemigo declarado de Madero cuando este se negó a solapar sus negocios turbios.
Wilson firmó el Pacto de la Embajada de Victoriano Huerta, que desconocía a Madero y a Pino Suárez como presidente y vicepresidente de México, a esas alturas presos y a punto de ser ejecutados.
Todos estos episodios y momentos trágicos o gloriosos, que dejan en evidencia la lealtad de las fuerzas armadas y reconocen el patriotismo y la heroicidad de cadetes y militares en general, son, reitero, particularmente simbólicos en los días que corren para inspirar y convocar.
El secretario de la Defensa Nacional dijo ayer, no sólo para los militares sino para todos los mexicanos (y con esto cierro): “hoy día la lealtad obliga, a quienes la practican, a ser íntegros, honestos, honorables y valientes, muy valientes; a cultivar un sentimiento de confianza mutua, de respeto, de unidad y de nacionalismo que promueva la cohesión social para alcanzar los objetivos nacionales”.