Hay dos personajes de nuestra historia que casi no tienen reconocimiento, no tanto como Hidalgo o como Morelos Y no se trata, por supuesto, de restarles méritos al padre de la Patria o al siervo de la Nación, pero sí, en justicia, era necesario dejar de regatear su contribución a la causa de la Independencia de México a Vicente Guerrero (sigue pendiente Guadalupe Victoria).
La noticia casi pasa inadvertida y es muy importante. Vicente Ramón Guerrero Saldaña (1782-1831) es uno de los héroes más claros y sólidos del movimiento de Independencia y del inicio de México como nación libre. Peleó desde el primer momento por la causa y no cejó en su empeño que incluyó, ya en posiciones de gobierno, una preparación intensiva para tomar decisiones, para empezar a resolver todos los problemas que aquejaban a la nación, más las amenazas que se cernían sobre ella.
Desde antes de llegar a la Presidencia en condiciones que con los juicios de hoy en día serían totalmente reprobables, Vicente Guerrero fue declarado benemérito de la Patria por sus aportaciones a la conformación de la República, desde su participación en las campañas de José María Morelos y Pavón, hasta el acuerdo al que llegó con Iturbide para la consumación, sin dejar de lado su intervención en el tiempo posterior a la caída del emperador y que reclamaba decisión y una gran inteligencia, capacidad de negociar y de llegar a acuerdos para que este país no se desmoronara.
El viernes pasado la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, emitió un decreto para que cada 14 de febrero se conmemore el aniversario luctuoso de Vicente Guerrero, es día de luto y solemne para la nación y la bandera deberá izarse a media asta.
Fue asesinado por decisión de Anastasio Bustamante en 1831, un individuo que, por cierto, se ha salvado del juicio de la historia. Un año antes, el 4 de febrero de 1830, se aprobó una ley que declaraba a Guerrero “imposibilitado” para gobernar a la República.
¿Qué pasó? ¿Por qué después de declararlo benemérito se le trató de esa manera? Bueno, para empezar –y esto es importante tenerlo en mente porque se trata de actitudes que persisten en algunas personas, léase clasismo y racismo– Vicente Guerrero era afromexicano y los personajes conservadores que se movían también en la escena política no lo querían, desde antes, desde los tiempos de Agustín de Iturbide.
Cuando se convoca a elecciones para elegir a quien sucedería a Guadalupe Victoria, benemérito también (dicho sea de paso), los contendientes eran Manuel Gómez Pedraza y Vicente Guerrero. El proceso electoral era indirecto, eran los legislativos de los estados de la República los que votaban, y Gómez Pedraza ganó por una diferencia de dos votos, 11 contra 9. Hubo inconformidades: fue cuando se gestó la revuelta conocida ahora como el Motín de la Acordada que inició José María Lobato, secundada por muchos en la República, especialmente por Antonio López de Santa Anna en Veracruz.
El levantamiento tuvo éxito y Guerrero, que no había tenido que ver en los acontecimientos, se sentó en la silla presidencial. No fue por mucho tiempo. Su gestión duró escasos ocho meses, del 4 de abril al 17 de diciembre de 1829. El vicepresidente era Anastasio Bustamante, el perpetrador de su caída de la Presidencia y de su asesinato.
Sumaba entonces dos circunstancias de peso, (la segunda, sin duda ¿pero la primera?) para que su posición fuera cuestionada.
En escasos ocho meses Vicente Guerrero legitimó su presidencia: gestionó la creación de escuelas públicas y, junto con Nicolás Bravo impulsó un Plan Nacional de Educación Gratuita. También promovió una reforma agraria benéfica para los campesinos e intentó impulsar el desarrollo de la industria y de los artesanos textiles al prohibir la importación de estas mercancías. Tomó decisiones para activar el comercio interno y continuó el trabajo diplomático que había iniciado Victoria, para establecer relaciones comerciales con otros países.
Fundó un centro nacional para la atención de los heridos luego de la guerra de Independencia y otros enfrentamientos. Heridos y personas que habían quedado con alguna discapacidad (como se dice ahora).
A Vicente Guerrero, como presidente de los Estados Unidos Mexicanos, le tocó enfrentar la incursión de Isidro Barradas, quien, enviado por Fernando VII, tenía intenciones reconquistadoras de lo que había sido la colonia más rica del antiguo, derrotado y casi acabado imperio español. La empresa española fracasó.
¿Cómo podía estar imposibilitado para gobernar la República? ¿Cómo alguien que pensaba en términos modernos, ilustrados y humanistas? Aquí un ejemplo:
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Convencido de que las luces preparan y hacen triunfar el imperio de las libertades, abriré todas las fuentes de instrucción pública. Los gobiernos populares para quienes es un interés que los pueblos no vivan humillados, se apresuran a dar a las artes y a las ciencias el impulso que tanto les conviene._
Y otro:
Las autoridades se encuentran en todas las clases del pueblo, y donde quiera que aparezca el talento y la virtud, allí se descubren los verdaderos títulos de superioridad, y los únicos que causan distinción y preferencia. Yo siento un placer inexplicable al considerar los efectos del patriotismo ilustrado aun en medio de los días turbulentos que han precedido. ¡Qué no deberemos esperar cuando la paz pública se consolide!
Habría que imaginar lo que pudo haber logrado de permanecer en la presidencia. Vicente Guerrero, el autor de la frase: “La patria es primero”, fue víctima de uno de los asesinatos más injustos, uno de los episodios más vergonzosos y deplorables de nuestra historia, por el destino que sufrió Guerrero, por el héroe que perdimos y por el caos que siguió una vez que Bustamante y Santa Anna tomaron las riendas. Se hace justicia por fin, celebro que se vayan pagando estas deudas.
(Dejo aquí una liga con abundante información sobre Vicente Guerrero, vale la pena conocerlo más para, por fin, valorarlo en su justa dimensión: https://www.inehrm.gob.mx/sitios/proceres/index.php?p=vicente).