A nada de llevarse a cabo una de las ceremonias más importantes para el mundo del entretenimiento en el año, los premios de la academia mejor conocidos como “Los Óscar” lleva circunstancias previas que nos dejan entrever aquellos factores que predominan en ésta, que debería de ser puramente una celebración al séptimo arte.
Como cada año, y siendo uno de los eventos más televisados en lo que van de estas casi 100 ediciones, los temas políticos y sociales salen a relucir en estas elecciones que marcan la historia del cine.
Aunque para muchos suene disparatado, los Óscar no son nada más que una democracia, votaciones que llevan en las ternas opciones a elegir, según los gustos o disgustos de dicho año, la carga social, el impacto creado o incluso las caras de aquellas figuras que construirán la historia de cada celebración.
Las más de nueve mil personas que dan su opinión, llevan un peso y una carga que culmina en una estatuilla que no supera el valor de un dólar (esto para hacer imposible su venta) pero que aún así se gana el posicionar su nombre con letras doradas.
Los discursos, las lágrimas y aquellos agradecimientos son los que llevan a relucir a aquellas personas que dieron vida a diversos personajes, como lo dijo Jane Fonda en los premios SAG, para bien, o para mal, los actores y las actrices son aquellas personas que prestan su carne y su esencia, para protagonizar muchas veces, injusticias, misoginia, violencia o esperanza, esperando que en esta edición 97 se celebra y se conmemore de manera histórica, las mejores historias plasmadas en la gran pantalla.