Demostremos que no somos una minoría. En México el INEGI, en el censo 2022, dice que el 16.5% de la población en nuestro país vive con alguna discapacidad, es decir 20 millones 838 mil 108 personas. El mismo censo define como discapacidad, la de aquellas personas que tienen una dificultad para realizar las actividades cotidianas; esto explica el incremento abrupto en las cifras estadísticas.
En mi columna de la semana pasada, hablaba de la importancia que tienen las cifras para establecer políticas públicas que sean más eficientes y eficaces; los datos confiables nos permiten medir y asegurar que incidimos en lo más importante: LAS PERSONAS.
Recordemos que la discapacidad repercute no solo en quien la vive, sino también en su familia. Considerando esta situación, esos 20 millones que menciona el INEGI crecerían a aproximadamente 80 millones; el gobierno y la sociedad no deben ignorar a este grupo de la población.
Sin embargo, la realidad es otra. Tenemos que seguir hablando de inclusión y exhortar para que existan espacios, programas, políticas; que no nos excluyan.
No son pocas las ocasiones en que me comentan algún suceso en el que personas con discapacidad han sido discriminadas, que se les negó un servicio, o el servicio no fue respetuoso; que el personal que les atendió no sabía cómo dirigirse a una persona con discapacidad, ni cómo tratarla; la humilló, utilizo un término inadecuado, incluso ofensivo, que las ignoraron o les negaron el acceso a algún lugar.
En otros casos, me piden asesoría porque no les dieron trabajo; quieren expulsar a su hijo de la escuela por tener discapacidad o ni siquiera lo quieren recibir alegando no estar preparados para tener un alumno con discapacidad. Estas situaciones se dan también en muchos otros espacios de esparcimiento, turísticos o de ocio.
Es imperante que se deje de ignorar lo que la ley marca, no olvidar que la ley nos protege y nos pone en igualdad de condiciones.
Nada va a cambiar si nosotros mismos no hacemos algo; esta es la razón por la que yo aspiro a que quienes vivimos una discapacidad o nuestros familiares, no dejemos que la exclusión gane terreno. De forma propositiva, proactiva, sumemos esfuerzos, seamos cada día más los que hagamos valer la ley y el respeto, el trato digno y equitativo que merecemos.
Sumemos esfuerzos con organizaciones bien establecidas, confiables, y fortalezcamos el trabajo que hacen, ya sea a nivel nacional o estatal, para que la mal nombrada minoría sea considerada no como un simple número sino como las personas que complementan ese porcentaje y merecen se cumpla la ley y se respeten sus derechos.