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Tzinti Ramírez
Tzinti Ramírez
Internacionalista y maestra en Historia y Política Internacional por el Graduate Institute of International and Development Studies (IHEID) en Ginebra, Suiza. Investigadora invitada en el Gender and Feminist Theory Research Group y en el CEDAR Center for Elections, Democracy, Accountability and Representation de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido. Miembro de la Red de Politólogas.

Desindustrialización, remilitarización, polarización: tres claves para entender la Alemania de hoy

2 abril 2025
|
05:00
Actualizada
23:03

En los últimos años, Alemania ha entrado en una fase de transformación estructural que impacta de manera simultánea a su modelo económico, su política exterior y su estabilidad interna. La convergencia de tres fenómenos —la desindustrialización, el rearme militar y el ascenso de la extrema derecha— marca un momento decisivo tanto para el país como para Europa.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania construyó su prosperidad sobre una base industrial fuerte, una política exportadora eficaz y un compromiso limitado con los asuntos militares. Esta arquitectura respondía tanto a condicionantes externos como a decisiones internas. Por un lado, el país fue reconstruido bajo tutela aliada, en el marco de la Guerra Fría, con Estados Unidos asumiendo gran parte de su defensa militar a través de la OTAN. Esto permitió a Alemania concentrar recursos en su recuperación económica e industrial, convirtiéndose en una potencia exportadora basada en manufactura de alta calidad, ingeniería de precisión y una fuerte red de pymes industriales, las llamadas Mittelstand.

Pequeñas y medianas empresas de carácter familiar, altamente especializadas y con una fuerte orientación a la exportación. Estas empresas no solo fueron responsables de absorber una parte significativa del empleo nacional, sino también de sostener la reputación de excelencia técnica de la industria alemana. Ubicadas mayoritariamente en regiones rurales o semiurbanas, las Mittelstand lograron generar un ecosistema de innovación incremental y estabilidad laboral, siendo fundamentales para el superávit comercial que caracterizó a la economía alemana desde los años 1980. Esta estrategia fue complementada con la formación profesional dual —una combinación de aprendizaje práctico en empresas y formación teórica en instituciones técnicas—, que aseguró una fuerza laboral altamente calificada.

En paralelo, la clase política alemana —desde el liderazgo de Konrad Adenauer hasta el de Helmut Kohl, pasando por Gerhard Schröder y especialmente Angela Merkel— sostuvo un modelo que equilibraba disciplina fiscal, estabilidad macroeconómica y expansión comercial, con un perfil internacional moderado y escasa proyección militar. Durante los 16 años de la cancillería de Merkel, Alemania consolidó su rol como potencia económica europea, profundizando su dependencia energética de Rusia y su interdependencia comercial con China, dos decisiones que hoy están en revisión.

La dependencia energética se materializó en proyectos como los gasoductos Nord Stream 1 y 2, diseñados para abastecer a la industria alemana con gas natural ruso a precios convenientes. Esta infraestructura, impulsada desde Berlín incluso tras la anexión de Crimea en 2014, permitió sostener el coste energético de sectores intensivos como el químico, el automotor y el siderúrgico. Sin embargo, la guerra en Ucrania y la consiguiente ruptura del vínculo energético con Moscú han revelado los riesgos estratégicos –además de los costos– de esa política. La destrucción parcial del Nord Stream 2 en septiembre de 2022 —en un acto de sabotaje— intensificó esa vulnerabilidad. Diversas investigaciones periodísticas, incluida una del reportero Seymour Hersh, sugirieron que Estados Unidos pudo haber estado detrás de la operación, una hipótesis rechazada por la Casa Blanca pero que reavivó el debate europeo sobre la autonomía estratégica frente a Washington y Moscú.

De manera paralela, la interdependencia comercial con China —principal socio comercial de Alemania desde 2016— expone ahora a la economía alemana a tensiones geopolíticas cada vez más marcadas, especialmente en sectores como el automotriz y el de maquinaria industrial. Estos factores, ha comenzado a erosionar los pilares del modelo exportador alemán, poniendo en evidencia la necesidad de repensar su posición geoestratégica y su capacidad de respuesta independiente ante escenarios de crisis.

En este sentido, en el año 2023 la industria representaba el 21% del PIB alemán, una cifra significativamente superior a la de otras economías del G7. Sin embargo, factores como la guerra en Ucrania, la fragmentación de las cadenas de suministro globales, el aumento de los precios de energéticos, como se mencionó anteriormente, y la creciente dependencia de China, fueron deteriorando ese modelo (International Banker, s.f.). El caso de Volkswagen lo ilustra bien: el grupo representa cerca del 5% del PIB alemán, el 16% de las exportaciones y aproximadamente la mitad de la inversión en I+D del sector privado. Su decisión de considerar el cierre de plantas en Alemania refleja las dificultades del tejido industrial ante un entorno internacional hostil y menos predecible (Vinoski, 2024).

Más allá de las cifras macroeconómicas, estos procesos tienen efectos sociales profundos. La pérdida de empleos industriales, en particular en regiones periféricas o con menor diversificación económica, ha alimentado sentimientos de abandono, desafección política y rechazo a las élites. En este contexto, la desindustrialización no solo debilita la competitividad económica, sino que también ha contribuido al ascenso de fuerzas políticas como Alternativa para Alemania (AfD), que canaliza el malestar hacia una agenda ultranacionalista, antiinmigración y antieuropea.

Por otro lado, durante este período, la Bundeswehr —nombre oficial de las fuerzas armadas alemanas— fue mantenida con recursos limitados, reflejo de una política exterior contenida y de una cultura estratégica orientada al pacifismo. Alemania asumió un liderazgo político con acompañamiento militar limitado, en línea con una memoria histórica que desaconsejaba cualquier forma de proyección armada (Braml & Hellmann, 2023; Institut de Relations Internationales et Stratégiques, s.f.). Sin embargo, recientemente el Bundestag —el parlamento federal alemán— en un giro profundo aprobó una reforma presupuestaria que prevé invertir hasta 500,000 millones de euros en los próximos doce años en la Bundeswehr.

Si bien esta decisión responde a una redefinición del entorno de seguridad europeo tras años de confrontación indirecta con Rusia, agravada por la invasión de Ucrania, y al vaciamiento progresivo del compromiso estadunidense con la OTAN, especialmente durante el segundo mandato de Donald Trump (CNN, 2025; Deutsche Welle, 2025; The New York Times, 2025); se trata de un cambio profundo en un país –y una región– que, por razones históricas, ha sido reacia a que Alemania asuma un papel militar protagónico.

La remilitarización no solo es presupuestaria: implica también reformas organizativas, modernización tecnológica y un reposicionamiento en la arquitectura de seguridad europea. Todo ello en un contexto en que parte de los fondos reasignados provienen del ajuste de otras partidas públicas, lo que ha generado críticas por el riesgo de que esto profundice el malestar social y la desafección política.

Ese malestar ha encontrado expresión en un panorama político cada vez más polarizado. A últimas fechas, la AfD se ha consolidado como la segunda fuerza en intención de voto, con apoyos particularmente altos en los estados del Este, donde el impacto de la desindustrialización ha sido más agudo. La erosión de la confianza en las instituciones, sumada a la percepción de un modelo económico excluyente, alimenta el voto de protesta y refuerza discursos ultranacionalistas (Institut de Relations Internationales et Stratégiques, s.f.).

Aunque no cabe trazar paralelismos mecánicos con el pasado, la historia alemana recuerda que las crisis económicas prolongadas pueden tener efectos políticos de largo alcance. La clave estará en si el país es capaz de reconfigurar su modelo sin sacrificar su cultura democrática ni abrir espacios a la deslegitimación del sistema.

Aquí, cabe resaltar que una de las manifestaciones más preocupantes de crispación política de los últimos años ha sido la creciente censura frente a la defensa de la causa palestina en el espacio público alemán. Bajo las administraciones tanto de Olaf Scholz como de Friedrich Merz, en la actualidad, el apoyo a Israel se ha reafirmado como una política de Estado incuestionable, aún frente a episodios ampliamente señalados como violaciones graves del derecho internacional humanitario.

El tratamiento policial y penal de las protestas pro-palestinas —mediante prohibiciones preventivas, represión y criminalización— no solo restringe libertades fundamentales, sino que busca suprimir la posibilidad de empatía política hacia la población civil de Gaza. Esta postura, promovida en nombre de una responsabilidad histórica mal entendida, termina por anular el principio mismo que debía guiarla: el compromiso ético con los derechos humanos y la oposición a toda forma de violencia sistemática. En lugar de reforzar la cultura pacifista y antigenocidio que fundó la democracia alemana de la segunda mitad del siglo XX, estas prácticas contribuyen a erosionarla.

Como vemos, el modelo alemán de posguerra —basado en el orden industrial, la moderación política y el multilateralismo— está siendo desafiado simultáneamente desde dentro y desde fuera. Cómo responda a esta triple presión este país centroeuropeo marcará el tono de la política europea y de Occidente en la próxima década.

Referencias
Braml, J., & Hellmann, G. (2023). German Foreign Policy in Transition: The Return of the Geopolitical. German Politics, 32(1), 10–27. https://doi.org/10.1080/09644008.2023.2165875

CNN. (2025, 23 de marzo). Germany to invest record sum in military amid security concerns. https://edition.cnn.com/2025/03/23/europe/germany-military-investment-intl/index.html

Deutsche Welle. (2025, 15 de marzo). Germany’s Bundeswehr: Defense spending, weapons, drones, infrastructure, personnel. https://www.dw.com/en/germany-bundeswehr-defense-spending-weapons-drones-infrastructure-personnel/a-72048164

Institut de Relations Internationales et Stratégiques. (s.f.). Deindustrialisation and the rise of the far right: Is Germany on the brink of crisis? https://www.iris-france.org/en/deindustrialisation-and-the-rise-of-the-far-right-is-germany-on-the-brink-of-crisis/

International Banker. (s.f.). Germany has an escalating deindustrialisation problem. https://internationalbanker.com/finance/germany-has-an-escalating-deindustrialisation-problem/

The New York Times. (2025, 20 de febrero). Trump’s NATO policy raises concerns among allies. https://www.nytimes.com/2025/02/20/us/politics/trump-nato.html

Vinoski, J. (2024, 29 de febrero). German deindustrialization is a wake-up call for US manufacturers. Forbes. https://www.forbes.com/sites/jimvinoski/2024/02/29/german-deindustrialization-is-a-wake-up-call-for-us-manufacturers/

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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