La historia de “El Mayo” Zambada y su confesión en Estados Unidos: medio siglo “pagándole a políticos, policías y militares”, siendo uno de los principales corruptores de autoridades, sacude a la clase política mexicana. Las consecuencias apenas inician.
En el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum, llama la atención la primera defensa ante la punta del iceberg de las revelaciones del capo: si hay acusaciones, deben mostrarse las pruebas, reclama la presidenta desde Palacio Nacional, en su rueda de prensa mañanera. Su reclamo es justo, pero ingenuo. “El Mayo” está fuera del alcance del Estado mexicano, fuera del alcalde de nuestro sistema de justicia que lo dejó libre durante al menos medio siglo, como uno de los capos que se convierten en leyenda popular.
No presentará pruebas. Sólo hará declaraciones. Y con eso será suficiente. Las autoridades judiciales y ejecutivas de los Estados Unidos iniciarán investigaciones, presentarán cargos, revelarán “verdades” que seguramente sacudirán a élites políticas del país. Algunas carreras acabarán abruptamente. Y como es de esperarse –muchos mexicanos no sólo lo desean, lo piden– quizá varios personajes de la clase política y de la vida pública acabarán en prisión.
Pero este largo proceso que se desarrollará durante los próximos años, no requerirá pruebas explícitas como lo exige la presidenta del país.
Basta con razonarlo un poco: ¿Es posible que una organización criminal como el Cártel de Sinaloa haya sobrevivido durante todo este tiempo sin los contubernios, los acuerdos y los sobornos que se entregaron?
Es conocido públicamente en pequeñas poblaciones y grandes ciudades mexicanas que el crimen organizado amenaza “con plomo” a los policías, agentes investigadores, ministerios públicos, jueces o magistrados, o bien, si aceptan ciertas conductas, los premian “con plata”.
El soborno no fue un invento de “El Mayo” Zambada, pero sí fue uno de sus principales impulsores.
Que numerosos políticos mexicanos o miembros de corporaciones de seguridad o militares sean exhibidos es quizá el menos de los problemas que tenemos ahora. La gran cuestión es si con la detención y sentencia de “El Mayo” Zambada, todo por la acción de autoridades
estadounidenses y no mexicanas, inicia un ciclo de limpieza de la corrupción.
La desgracia que puede ocurrirnos es que sólo cambiemos a “El Mayo” por otros capos que mantengan y extiendan lo que hemos padecido durante décadas.