Ya nada nos puede sorprender, pero cuando ocurren escenas de vergüenza de la clase política como lo hemos visto, cada vez más frecuente, es cuando entendemos por qué la gente pierde la confianza en las instituciones.
Como si fuera una sátira, con el himno nacional de fondo y en la tribuna de una de las instituciones más importantes de nuestro país como lo es el Senado, se convirtió en una triste escena de lo más bajo de la clase política mexicana.
El episodio de agresiones entre el líder priísta Alejandro Moreno y el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, de Morena, no solo es una falta de respeto entre dos personas que deberían poner el ejemplo del diálogo y la cordialidad, sino que atenta contra las instituciones y da muestra de porqué la sociedad vive un desencanto de la política.
Nuestro senador, Clemente Castañeda Hoeflich, manifestó que este acto de violencia en plena sesión de la Comisión Permanente es también un atentado contra la vida democrática de nuestro país, porque quienes representan a la sociedad en la Cámara Alta, tienen que “ser referentes de la tolerancia y el respeto”.
La diferencia de opiniones es parte de la democracia. Disentir enriquece y no debería ser motivo de agresión, sino de construcción. Desde nuestro proyecto político siempre lo hemos manifestado e impulsado un valor que es de suma importancia entre quienes nos dedicamos a la política y al servicio público que es la generosidad de escuchar al otro.
La palabra es poderosa y la tribuna del Senado ha sido epicentro de grandes, no solo discursos, sino hechos trascendentes para nuestro país, pero en ningún momento debería ser sitio para lanzar puñetazos en un contexto nacional en el que necesitamos, con urgencia, acuerdos que fomenten la paz, no la violencia.
El enemigo está en las calles, acechando a nuestros jóvenes y nuestros niños, destruyendo familias y lesionando gravemente la tranquilidad de nuestro país.
México necesita legisladores que defiendan la paz, que nos hagan sentir orgullosos porque son representantes del pueblo, que respeten las instituciones y que abonen a la democracia, no a la violencia, en una tribuna de honor y respeto, no de vergüenza.