La semana pasada expliqué la primera diferencia de cuatro que distinguen a la medicina familiar/general del resto de la medicina. Hoy explico la segunda diferencia.
Pensamos en personas reales antes que en etiquetas diagnósticas.
Margaret Reid encontró en 1982, que los médicos generales frecuentemente recordaban a personas concretas cada vez que se hablaba de alguna enfermedad. Al contrario de los especialistas que se embelesan hablando de estadísticas y mecanismos moleculares y fisiopatológicos, los médicos generales frecuentemente decían frases como: “esto me recuerda a la señora tal o cual…” (1). Desde el punto de vista filosófico, uno necesita cierta cercanía para conocer un objeto. Cuando se trata de conocer personas concretas, el trato frecuente, cercano, en el consultorio, en su casa, en momentos de crisis, en momentos de alegrías… la cercanía permite conocer particularidades que no pueden conocerse de otra manera. Por eso pensamos en personas concretas más que en categorías abstractas, es decir en etiquetas médicas.
Es fácil entender que no se “atiende a la diabetes” sin cuidar a la persona que le da concreción a la generalización “diabetes”. Es muy diferente diagnosticar la enfermedad (aplicar la etiqueta correcta en cada caso) que diagnosticar a la persona, que significa conocer sus particularidades.
Para atender-cuidar de las personas se requiere de conocimiento abstracto y conocimiento concreto
El médico familiar/general tiene dos grandes áreas en su quehacer: debe ser un buen técnico, es decir, tener amplios conocimientos de medicina obtenido de poblaciones; y debe ser también un sanador, alguien capaz de aliviar el sufrimiento del ser específico. En el lado técnico el MF/MG debe dominar el conocimiento que proviene de las generalizaciones abstractas que provee el método científico. Pero, debe saber que esta forma de conocimiento derivada de la Ilustración del siglo XVIII dejó fuera de la legitimidad de “ciencia” las grandes variaciones individuales. Se asumió que los promedios matemáticos de los datos poblacionales eran la única forma relevante de conocimiento. Se dejó fuera el conocimiento de los casos particulares. El médico familiar/general no puede hacer su función con solo una de las formas de conocimiento, sea el abstracto generalizable o el concreto de cada caso. Necesitamos ambos conocimientos en una combinación equilibrada y diferente en cada situación aun dentro del mismo caso.
Y la razón de este dinámico equilibrio se debe a que ambas formas de conocimiento tienen riesgos. Si sabemos mucho de la enfermedad y solo de ella, nada de la persona, lo que resulta es una visión desapegada, sin afectos. Esto es interpretado por el paciente como indiferencia de parte del clínico, desapego. Muchos médicos funcionan solamente en este rango técnico, como un algoritmo insensible (a propósito de los riesgos de los algoritmos procesados con poderosos recursos de cómputo hoy conocidos como Inteligencia Artificial).
Por lo contrario, si conocemos mucho de los particulares del paciente, y poco de la enfermedad, los cuidados médicos serán inefectivos por sus carencias científicas. En este punto es importante subrayar que los pacientes logran sentir rápidamente si el médico percibe su sentir respecto a vivir con la enfermedad. Es bien sabido que los pacientes perciben el estado anímico del médico que los trata en los primeros 5 segundos de una entrevista clínica. Algún médico puede ser muy amable, pero sin capacidades empáticas y eso logran captarlo los pacientes –casi de cualquier edad– aunque muchas veces no puedan expresarlo en palabras concretas.
Uno no puede cuidar esmerada y afectuosamente a categorías abstractas, solo podemos ser afectuosos y esmerados con personas concretas, reales, con las que formamos algún lazo de afecto. Esta podría ser la razón por la que los reiterados esfuerzos de estandarizar la Atención Primaria fracasan una y otra vez. Se dirigen al control de la enfermedad, y esta no razona, no siente, solo siente y razona la persona particular que contiene la enfermedad. Sin el conocimiento de las particularidades de la persona, su contexto, sus significados, el puente de comunicación es muy difícil de construir.
El método diagnóstico enseñado en la escuela de medicina está desequilibrado
Uno de los grandes problemas de identidad del MF/G mexicano es que no sabe que el método de diagnóstico diferencial que le enseñaron y que se practica por todo el sistema de salud del nivel hospitalario, no incluye la experiencia del padecer de sus pacientes. De hecho, le bloquea la atención de sus sentimientos y experiencia con el padecimiento. El método biomédico no está orientado al desarrollo de la personalidad del médico; a la generación de autoconocimiento de los propios procesos emocionales, que es indispensable para procesar los intercambios afectivos que se dan en las relaciones a largo plazo con sus pacientes. En suma, el método de diagnóstico que aprenden todos los médicos en México,está desequilibrado, es sobre la enfermedad y nada más. Pocos médicos familiares/generales experimentados logran dejar de lado el dogma enseñado; pero están en constante acoso administrativo por las instituciones donde trabajan que están regidas cien por ciento por estándares centrados en la enfermedad. Estos pocos médicos, son altamente estimados por sus pacientes, especialmente los que más acuden a sus consultas.
La segunda diferencia de la medicina familiar/general con el resto de la medicina es que diagnosticamos a las personas y no solo a la enfermedad y establecemos lazos afectivos –que deben ser siempre profesionales– con nuestros pacientes. Esto no se puede hacer con el método diagnóstico biomédico, y requiere un desarrollo de la personalidad con alto contenido de autoconocimiento. Ahora, debe impulsarse el método educativo específico para lograr sentar las bases del nuevo método clínico centrado en la persona y el desarrollo de ecuanimidad compasiva. El planteamiento anterior es una vía para cumplir con la humanización de los servicios de salud, que se ubica entre los objetivos estratégicos expresados por el subsecretario federal en políticas de salud y bienestar poblacional de la Secretaría de Salud, el doctor Ramiro López Elizalde (2). La tarea de humanizar a los profesores y médicos mexicanos con métodos bien fundados desde las ciencias educativas y psicosociales puede ser liderada por el Colegio Jalisciense de Medicina Familiar A.C. y la Propia Federación Mexicana de Especialistas y Residentes de Medicina Familiar A.C. ahora dirigida por el doctor Rodrigo Villaseñor Hidalgo.
Seguiremos con la tercera diferencia distintiva de la MF/G la semana próxima.
1. McWhinney, I. R. (1996). William Pickles Lecture: The importance of being different. British Journal of General Practice., 46(408), 433-436. https://bjgp.org/content/46/408/433
2. https://youtu.be/E22mTd2X0TM?si=aY9jtYRCN_n603GI