La segunda manifestación de la Generación Z no prendió. Después de una intensa semana que atestiguó una crisis política y de imagen oficial, ¿qué pasó con los jóvenes?
La presidenta Claudia Sheinbaum no se había visto sometida a tanta presión. Ha sido el momento más difícil que ha enfrentado en política interna, desde que está en el cargo.
¿Pero qué ocurrió? ¿Dónde están los más de 31 millones de jóvenes mexicanos que habían empujado la Manifesta de la Generación Z el 15 de noviembre?
Ayer, la segunda manifestación se desinfló. En la Ciudad de México no se reunieron ni siquiera 300 personas. En Guadalajara, los jóvenes ya no aparecieron; sólo unas pocas personas de la tercera edad acudieron al llamado en la Glorieta de los Desaparecidos.
Muchos habían esperado que la realidad cambiara, gracias al empuje y la energía de los jóvenes que forman la cuarta parte de la población total en el país. Muchos esperaban también un cambio social profundo, una revolución de las juventudes que derribara el marasmo y la ingobernabilidad que ha marcado a México durante muchos años, permitiendo violencia, homicidios y desaparecidos.
¿Será que los jóvenes mexicanos son revolucionarios de redes sociales y nada más?
Los problemas son reales: vemos año tras año cómo crece el número de homicidios y de personas desaparecidas; cómo se mantiene la impunidad y la injusticia. Estamos atrapados en la polarización política y entre dos discursos, el de la “cuarta transformación” que declara que el país está mejorando y la oposición política, que señala los errores evidentes.
No se puede esperar que los jóvenes hagan el cambio por sí solos; no es una responsabilidad totalmente suya, pero en esta época y en todas las anteriores, la juventud ha sido uno de los principales factores de protesta. El revulsivo indispensable.
El gobierno federal debe haber aprendido la lección porque con Generación Z o sin ella, evidentemente no podemos seguir igual.