El 6 de diciembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo publicó en el periódico insurgente El Despertador Americano, el Decreto de Abolición de la Esclavitud de América, honrosamente impreso en nuestra hoy ciudad de Guadalajara.
Este decreto, enmarcado en la lucha de Independencia, es evidencia plena de que tal movimiento se guiaba por un ideario de profunda transformación social y no por demandas insustanciales de orden político como algunos autores malintencionados o desinformados han querido hacer creer.
Junto a él, los posteriores movimientos sociales nacionales que registra la historia nacional: la Reforma-Guerra de Intervención y la Revolución, han sido medios de lucha para la consecución de otros anhelos de trascendencia social, política y económica demandados por el pueblo de México.
Desafortunadamente, los movimientos de transformación y los derechos por ellos alcanzados no han estado exentos de acciones de contrasentido, de reacciones y regresiones.
El mismo escenario de resistencia enfrenta actualmente el movimiento que desde hace 7 años gobierna este país. Morena conquistó el poder por la vía democrática y pacífica y se ha empeñado en transformar la vida pública de México para hacer realidad los pendientes de nuestro ideario de nación. Pero la reacción, con sus menguadas fuerzas internas, más apuntalada desde el exterior con recursos económicos y campañas mediáticas, intenta oponerse al plan de justicia que estamos construyendo para todas y todos los mexicanos.
Los conservadores, vestidos de panistas, de priístas y de emecistas, no soportan que en 7 años de gobiernos de Morena, se haya logrado que 13.5 millones de mexicanas y mexicanos dejaran la condición de pobreza y más de 32 millones de familias participen de los Programa de Bienestar financiados con recursos antes tirados por el caño de la corrupción.
Reniegan del gobierno de la transformación que ha hecho posible que en tan pocos años el salario mínimo registre un incremento real, es decir más allá de la inflación, del 125 por ciento.
Panistas, priístas y emecistas hacen espuma porque ven que la presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado para el próximo año, con acuerdo de los sectores productivos del país, un incremento del 13% al salario, lo que permitirá a la clase trabajadora adquirir con sus ingresos 2.5 canastas básicas de alimentos.
Panistas, priístas y emecistas detesta la solidez del peso frente al dólar estadounidense, niegan el récord de Inversión Extranjera Directa alcanzado recientemente y no quieren ver el incremento de las reservas internacionales que garantizan la estabilidad económica de México.
No obstante esa visión de odio, de negación de la realidad que asume la reacción en sus diversas expresiones partidarias, no es compartida por la gran mayoría de mexicanas y mexicanos. Hoy la mayoría tiene claro que Morena está cambiando para bien la vida de millones de personas. Por ello, este 6 de diciembre, frente al odio, el enojo y la violencia de la reacción, con entusiasmo y alegría saldremos a marchar junto a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, para festejar los primeros 7 años de transformación.