Venezuela es noticia mundial. Es difícil no pronunciarse sobre el tema tomando en cuenta por todo lo que ha pasado su pueblo al tener autoridades incapaces de garantizar el estado de derecho y las condiciones mínimas de bienestar. Venezuela, era desde hace varios años, un estado fallido, y Nicolás Maduro un dictador latinoamericano.
Podemos no estar de acuerdo con las formas de la salida de Maduro de su país. También podemos decir, que la violencia no se justifica bajo ningún motivo y que la sociedad no debe pasar por momentos de intranquilidad y zozobra… SÍ, pero lo relevante del análisis se direcciona hacia la defensa de la democracia, la afectación de los derechos humanos y a la vigencia del estado de derecho en Venezuela. Añadamos a la ecuación que las ideologías no deben interferir cuando de dar resultados positivos hacia los ciudadanos se trata. Este es el tema. Hablamos de gobernar bien.
Para la izquierda latinoamericana, el deterioro venezolano representa un revés político y moral difícil de ignorar. Durante años, este país fue presentado como un modelo alternativo al neoliberalismo y hoy es citado como advertencia sobre los riesgos de la concentración del poder, la erosión institucional y la negación de controles democráticos. Los sectores progresistas más críticos del intervencionismo americano se ven hoy obligados a reconocer que el colapso venezolano no puede explicarse solo por factores externos. Esta narrativa no tiene sustento.
En este escenario, la figura de Trump, controvertida de por sí, adquiere más popularidad dentro de sus fronteras, no solo por su política hacia Venezuela, sino por el significado de su enfoque al argumentar que Maduro estaba involucrado en el narcotráfico y que era un terrorista que su país debía enfrentar por su seguridad nacional. Trump apostó todo para ejercer la máxima presión imponiendo sanciones económicas, aislando diplomáticamente a este país y debilitando financieramente al régimen chavista. Trump se presenta hoy con un poder global casi sin restricciones.
Por su parte, Maduro, quien no entendió a tiempo que debía irse y dejar que Machado y González gobernaran porque así lo expresó el pueblo en las urnas de las pasadas elecciones del 2024, utilizó la confrontación con Washington como herramienta de cohesión interna, justificando así su autoritarismo, lo cual agravó la crisis social.
¿Qué sigue ahora? Esperar que las autoridades americanas presenten a Maduro ante un tribunal para que sea juzgado por narcotráfico. Se debe también apoyar la reconstrucción democrática de Venezuela aportando reglas claras para gobernar bajo los tintes de libertad que ya no tenían desde tiempo atrás. En independencia de lo anterior, Trump afirmó el sábado que ellos gobernarán el país en tanto se lleve a cabo una transición ordenada, lo cual debería ocurrir de manera rápida para evitar suspicacias. Sin embargo, la gran pregunta es: ¿Con quién hará esta traslación de poder? … ¿Con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, heredera del chavismo? ¿Con María Corina Machado y Edmundo González? Inicia la partida del ajedrez político para decidir el rumbo.
Un trámite importante que se debe cuidar es el flanco geopolítico dialogando acertadamente con las demás potencias mundiales como China y Rusia. Incluya Usted también a Irán, para mantener sin escalamientos este conflicto.
Para la región, la lección es clara: Sin instituciones sólidas, ninguna ideología, de izquierda o de derecha, puede sostener una democracia viable.
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