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7 enero 2026
Laura Castro Golarte
Laura Castro Golarte
"Laura Castro Golarte es periodista independiente y activa desde hace más de 40 años; politóloga y doctora en Historia Iberoamericana por la Universidad de Guadalajara. Es autora de varios libros. "

¿Estamos inermes?

5 enero 2026
|
05:00
Actualizada
19:52

El ataque de Estados Unidos contra la soberanía de un país latinoamericano, Venezuela, del que fuimos y somos testigos, es un asunto complejo, multicomentado, analizado, revisado y estudiado, sin embargo, en los próximos días todavía estaremos leyendo y atendiendo otras interpretaciones, quizá nuevos datos y más información relacionada con esta invasión negociada (no hay de otra) pero no por ello admisible.

Como han dicho casi todos los opositores y críticos de semejante ataque a la soberanía de un país, no se trata de Nicolás Maduro, de defenderlo o abonar por su causa, se trata de una intervención abusiva que dinamita la soberanía de Venezuela y la del orden mundial (J. C. Monedero); que viola todos los acuerdos del derecho internacional; que descaradamente actúa bajo “la lógica histórica del intervencionismo orientado al control (uso, explotación) de recursos estratégicos” (Jaime Tamayo) que no le pertenecen; que marca el regreso al imperialismo más crudo caracterizado por el robo y expolio de recursos naturales que no están dentro de sus fronteras (Lorenzo Meyer) y que deja en evidencia la locura de Donald Trump y las sirenas que lo rodean, que le han hecho creer que Estados Unidos es dueño del mundo.

Bernie Sanders, demócrata estadounidense, lúcido y valiente, dijo el mismo 3 de enero: “Una vez más, Donald Trump mostró su desprecio por la Constitución y por el estado de derecho. Seamos claros: el presidente de Estados Unidos no tiene el derecho para llevar unilateralmente a este país a la guerra incluso contra el dictador corrupto y brutal como Venezuela. El Congreso debe aprobar inmediatamente una Resolución de Poderes de Guerra para poner fin a esta operación militar ilegal y reafirmar sus responsabilidades constitucionales. El ataque de Trump contra Venezuela no hará que Estados Unidos y el mundo sean más seguros, al contrario. Esta descarada violación del derecho internacional da luz verde a cualquier país del mundo que tal vez desee atacar a otra nación para apoderarse de sus recursos naturales o cambiar sus gobiernos. Trump y su administración lo han dejado claro: quieren revivir la Doctrina Monroe, una creencia que afirma que Estados Unidos tiene derecho a dominar los asuntos del hemisferio. Han hablado abiertamente sobre el control de las reservas petroleras de Venezuela, las más grandes del mundo. No nos equivoquemos al respecto: esto es imperialismo de alto nivel, recuerda los capítulos más oscuros de Estados Unidos de intervenciones en América Latina que han dejado un legado terrible”.

La cita es larga pero no tiene desperdicio. No es el señalamiento de gente que puede ser identificada como de izquierda, con gobiernos progresistas o socialistas, o con comunistas trasnochados que no retiran de sus discursos la crítica al imperialismo. Es un estadounidense demócrata, capitalista, que afirma con todas sus letras “esto es imperialismo de alto nivel”.

Muchos más lo hemos dicho, pero desde esa posición adquiere otra dimensión. Recuerdo un dato histórico poco conocido: Abraham Lincoln como legislador, criticó abierta y públicamente la abusiva invasión y despojo que operó James Polk, presidente de Estados Unidos, entre 1846 y 1848. Ese plan expansionista cuidadosamente urdido para lograr la aprobación del Congreso, pese a los opositores, y que para Polk, por supuesto, fue por demás exitoso aun cuando sacrificó sus aspiraciones para un segundo periodo presidencial, pero aseguró más de dos millones de kilómetros cuadrados para la Unión Americana.

Hoy Trump ni siquiera se toma la molestia de pedir permiso al Congreso, mucho menos a la ONU, no se diga a la OEA (por cierto ¿dónde están?). Actuó con todo el poder autoritario (¿y la democracia?), con total impunidad y se metió a Venezuela para secuestrar a un presidente constitucional (guste o no) y anunciar que se encargará del gobierno de Venezuela y de la administración de la industria petrolera porque está en el negocio del petróleo (¿y la preocupación por el narcotráfico?).

Ojo con esta frase de Trump en la conferencia de prensa del 3 de enero: “Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras roben a nuestro pueblo y nos expulsen de nuestro hemisferio”. ¿De nuestro hemisferio? ¿Hemisferio? ¿La mitad del mundo?

Mucho antes de esta incursión rechazada por una buena parte de las naciones de ese hemisferio al que se refiere, se ha reiterado en sucesivos análisis que Estados Unidos es una potencia en franca decadencia, inmersa en una crisis brutal de la que no podrá salir fácilmente a pesar de que no parece tan visible dados los constantes ataques desde diversos flancos a todo el mundo: si es militar, si es comercial, si es político, si es cultural y social contra sus propios habitantes.

Y puedo coincidir, sin embargo, si estamos de acuerdo en equiparar estas acciones con “patadas de ahogado”, hay que observar y cuidarse bien, afianzarse con algo, porque el ahogado en su desesperación arrastrará al fondo del abismo a quien sea que pesque mientras se hunde con una fuerza inusitada, la más grande del planeta, dijo.

En noviembre del año pasado, la administración Trump emitió la Estrategia Nacional de Seguridad en la que expresa con grandilocuencia y megalomanía (me acordé de Pinky y Cerebro, la verdad aunque no por eso menos preocupante), que lo que Estados Unidos quiere en el mundo y del mundo es asegurar que el Hemisferio Occidental se mantendrá razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva hacia Estados Unidos; y que quieren un Hemisferio donde los gobiernos cooperen con ellos contra el narcoterrorismo, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales y que quieren garantizar que se mantenga el acceso a la llave de localizaciones estratégicas, en otras palabras –dijo– “afirmamos y reforzamos el Corolario Trump a la Doctrina Monroe”.

Es una declaración de abusos e imposiciones sin que nadie en el mundo pueda o quiera detener, moderar, impedir, combatir, ni nada (¿China? ¿Rusia? ¿quién más podría? ¿Ya están haciendo algo?).

Puedo pensar que estamos inermes ante las actuaciones de un loco poderoso, de esos que en nuestras pesadillas más escondidas siempre temimos porque en cualquier momento podría apretar el botón rojo, aludiendo a las representaciones hollywoodenses; los agoreros de la catástrofe y los apátridas que quieren lo peor para México se frotan las manos, sin embargo, hay por lo menos dos salidas, una, en realidad, que podría detener, parar en seco esta andanada de ataques impensables que nos están arrastrando directo a lo peor del antiguo régimen colonialista: la sociedad estadounidense que se desgañita desde hace casi un año contra el presidente delincuente que ocupa la Casa Blanca; y la sociedad internacional. El poder está en las personas, sin intereses millonarios, sin cálculos políticos; la motivación es el respeto, la dignidad, hacer valer nuestros derechos mínimos, oponernos e impedir el atraco, la violencia, el enraizamiento del miedo. No estamos inermes, no podemos, no debemos.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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