Los ojos del mundo están puestos en Venezuela y en Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos. Después de la intervención militar que inaugura una nueva y peligrosa etapa en el siglo XXI, lo más importante no es lo que ocurrirá con el petróleo venezolano. Tampoco qué pasará con Nicolás Mauro ante un tribunal en Nueva York. Lo más trascendente es si Venezuela podrá regresar a la democracia.
Apenas ayer, Delcy Rodríguez rindió protesta como presidenta en funciones en el país sudamericano, en un intento evidente del chavismo por mantenerse en el poder. Eso era de esperarse, pero el problema para los venezolanos radica en que pueden lograr una negociación con el gobierno de Donald Trump, si le permiten acceder al petróleo y a los recursos naturales del país, en aras de pagar una deuda que reclama el presidente estadounidense.
Si eso llega a ocurrir, ¿de qué habrá servido el derrocamiento de Nicolás Maduro?
Si millones de venezolanos desde el exilio, y dentro de su nación, aplaudieron la caída de Maduro, aunque fuera a través de la intervención de los militares norteamericanos, es porque se espera el restablecimiento de elecciones democráticas, con funcionarios que surgen de la voluntad popular y que le regresen a Venezuela la estructura y las instituciones para salir de la profunda crisis en la que han caído con el régimen chavista.
Lo que ocurre con Venezuela, evidentemente importa más a sus ciudadanos, pero es importante también para América Latina, incluido México.
Los países latinoamericanos que comparten idioma, historia, cultura y vecindad, estarán permanentemente sometidos a los excesos de autoridad y poder de los Estados Unidos.
No es ningún descubrimiento que si el subcontinente encuentra incentivos suficientes para alianzas sólidas y duraderas, tiene mayor posibilidad de hacer frente a los arranques ilegales o de fuerza militar de la potencia del Norte.
Perder la oportunidad de apoyar a Venezuela en su proceso de democratización, es una pérdida para todas las naciones latinoamericanas, al margen de la inclinación de derecha o izquierda de sus gobiernos nacionales.
Muchas veces, en un lenguaje populista, se ha manejado que México es “hermano mayor” en América Latina. Esta es una ocasión real en la que México puede no intervenir, sino defender y apoyar un proceso real de empoderamiento de los venezolanos en Venezuela.
Porque efectivamente, la oportunidad de la democracia se está alejando rápido, mientras el gobierno de Trump pretende establecer el control sobre los recursos de ese país.