Al que fuera el primer fiscal “autónomo” de la república mexicana, Alejandro Gertz Manero, le cumplieron la promesa de premio político para que abandonara su cargo: será el nuevo embajador de México ante el gobierno del Reino Unido, o como mejor le conocemos la Gran Bretaña.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el propio gobierno europeo acepta a Gertz como embajador, por lo que sólo queda pendiente el trámite en el Senado de la república, trámite que incluso se van a ahorrar, porque la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, también se erige con facultades para acelerar este nombramiento.
Como era de esperarse, se presume con bombo y platillo que con la incorporación de Alejandro Gertz al cuerpo diplomático mexicano, se concreta un reconocimiento a su trayectoria en el servicio público, pero este discurso no puede hacer olvidar que el señor Gertz renunció antes de tiempo a la FGR, presionado por la presidenta Sheinbaum, que quiso colocar en la dependencia a su incondicional y hoy fiscal nacional, Ernestina Godoy.
Con Gertz como embajador, se confirma esta tendencia de la 4T: Utilizar al servicio diplomático mexicano que antes fue reconocido internacionalmente, como una “agencia de colocaciones” para los aliados políticos, o quienes sirvieron fielmente los objetivos del poder.
De Alejandro Gertz, hay que decir que no cumplió con la expectativa: Fue nombrado fiscal general de la república, en un movimiento que se había originado en la ciudadanía, y que pretendía romper el nexo entre la presidencia y quien era el procurador de la justicia en materia de delitos federales; fue el primer fiscal autónomo, pero se comportó como lo habían hecho durante décadas quienes eran titulares de la Procuraduría General de la República: Estaban al servicio del poder y no de la ciudadanía.
De Alejandro Gertz se recordarán muchas cosas, pero no que haya sido un buen fiscal, porque si hubiera cumplido con esa vocación, seguiría al frente de la FGR. Se dice que siempre podemos estar peor, pero a Gertz Manero no se le extrañará en la Fiscalía. Quedan pendientes, y así seguirán en el tiempo, casos como el del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, y muchos otros actos de ataque a la ley, que han consolidado en México una oscura época de impunidad y falta de justicia.