Por años, Jalisco ha sido gobernado por Movimiento Ciudadano bajo una narrativa de modernidad, eficiencia y buenos gobiernos. Sin embargo, cuando uno se detiene a hacer un balance serio, honesto y desde el territorio, la conclusión es inevitable: A la sombra del poder, los gobiernos naranjas han sido muy buenos para hacer negocios, pero muy malos para dar resultados a las y los jaliscienses.
Lo digo con claridad y con responsabilidad política. Desde Tlajomulco hasta el Gobierno del Estado se repite un patrón que ya es imposible ocultar: Contratos multimillonarios, asociaciones público-privadas diseñadas a la medida y decisiones que benefician a unos cuantos, mientras los problemas estructurales de Jalisco siguen intactos o, peor aún, se agravan.
Ahí está el caso del Centro Administrativo de Tlajomulco, construido bajo un esquema de asociación público privada que compromete recursos públicos durante años para garantizar ganancias a particulares. O la autorización desmedida de fraccionamientos sin planeación, que dejó miles de viviendas abandonadas, los tristemente conocidos “huevitos”, y comunidades sin servicios ni futuro.
A nivel estatal los ejemplos sobran. El programa “A Toda Máquina”, con un contrato superior a los 3 mil 600 millones de pesos, entregado a un empresario cercano al entonces gobernador Enrique Alfaro, es un símbolo de cómo se gobierna cuando las amistades pesan más que la transparencia. Más recientemente, el contrato de más de 6 mil millones de pesos otorgado de manera directa a Seguritech para la videovigilancia en Jalisco marca un récord histórico por su monto y por la ausencia total de licitación.
Lo preocupante es que, así como es fácil recordar estos negocios, resulta casi imposible enumerar logros que hayan mejorado la vida cotidiana de la gente. Porque la pregunta de fondo es sencilla: ¿Vive mejor hoy el pueblo de Jalisco? La respuesta, lamentablemente, es no.
Seguimos siendo uno de los estados con más personas desaparecidas; la violencia golpea todos los días; los robos, extorsiones y secuestros forman parte de la rutina; las mujeres siguen viviendo múltiples formas de violencia. Casos como el centro de reclutamiento del crimen organizado en Teuchitlán o asesinatos a plena luz del día evidencian un Estado rebasado.
A esto se suma una ciudad sucia y contaminada, agua de mala calidad, calles destrozadas y un transporte público caro y deficiente. Los jaliscienses no viven en el Jalisco de los videos de TikTok; viven en el Jalisco real, el de los problemas no resueltos.
Gobernar no es hacer negocios ni administrar la imagen. Gobernar es dar resultados. Y en Jalisco, Movimiento Ciudadano le ha quedado a deber a la gente que votó por ellos.