La presidenta salió a aclarar: no hay irregularidades en la presencia de un avión militar en Toluca. No trajo soldados. Es un asunto de capacitación. Demasiadas explicaciones… y mucha suspicacia en la opinión pública.
¿Quién no da por hecho, en su fuero interno, que la presencia de personal militar y de las agencias estadounidenses como la CIA, la DEA o el FBI es permanente en nuestro país? Como diría el clásico: No tengo pruebas, pero tampoco dudas.
A nadie sorprende la injerencia del gobierno de los Estados Unidos, y mucho menos en estos tiempos. El gobierno de Donald Trump ha irrumpido en Medio Oriente, hace apenas unos días ingresó a fuerza de armas y milicia en Venezuela y sacó nada menos que al presidente; acaba de imponer aranceles a países europeos que se oponen a su proyecto de anexión de Groenlandia.
De manera que el interés del gobierno norteamericano en México es permanente. Quizá hay aumentado su agresividad en meses recientes, pero nunca se ha ausentado. Es hasta cierto punto normal, considerando los intereses demográficos, económicos y territoriales que hay entre los dos países. La de México y Estados Unidos no es la frontera más grande del mundo, pero sí la que registra más cruces y más intercambio de mercancías.
Sorprende, eso sí, el desdén a la opinión pública en México. El enorme avión Lockheed C-130J Super Hércules, con capacidad de traslado de 92 personas o 65 soldados equipados, que puede trasladar hasta 27 toneladas, aunque se usa normalmente en misiones humanitarias, aterrizó en el aeropuerto de Toluca porque “trajo de regreso a personal mexicano que se capacitó en Estados Unidos”. Al menos eso dijo la presidenta Claudia Sheinbaum.
También es extraño que se reconozca por parte de la cúpula militar de nuestro país que bien pudiera haber aterrizado en un aeropuerto militar. Además, la presidenta del país asegura que desde octubre del año pasado se había autorizado su ingreso a México.
Son demasiadas explicaciones y todas sospechosas.
En los últimos días el gobierno de Trump ha presionado para que la administración de la presidenta Sheinbaum permita la presencia estadounidense en el combate al crimen organizado. El discurso oficial ha mantenido la defensa de la soberanía y el principio de colaboración sin sumisión.
La administración Trump ya ha mostrado cuánto respeta la soberanía de otras naciones y cuál es su consideración sobre el Derecho Internacional.
No es necesario promover la ingenuidad, aunque se imponga el discurso de la soberanía. Mejor hará la administración de Claudia Sheinbaum si con pragmatismo, cede en demandas a cambio de ganar en terrenos que convienen al país, como la revisión del T-MEC.