Mientras en México nos ocupamos en nuestros problemas internos, en los asuntos que marca nuestra agenda ya sea local, regional o nacional, el mundo sigue una marcha trepidante que puede dejarnos atrás y no contemplarnos en la elección del futuro que se está edificando.
Desde 2019, un presidente mexicano no ha estado presente en el Foro de Davos, Suiza. Lo que inició Andrés Manuel López Obrador lo ha continuado la presidenta Claudia Sheinbaum: No asistir a este encuentro económico de la élite mundial, al que acuden los potentados económicos, los jefes de Estado y numerosas personalidades. Pero si no va ella, lo extraño es que no acudan el secretario de Economía o el secretario de Relaciones Exteriores.
Definitivamente, México debería estar representado y sumarse a eventos como este, en los que se construye el nuevo orden mundial.
Mientras nos debatimos en esto, en Davos, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, presentó un discurso que marca el inicio de una época y que nos obliga a pensar en lo que haremos en el futuro inmediato.
Sin entrar en muchos detalles, Carney habló desde la perspectiva canadiense y anunció que es tiempo de dejar de vivir en la ilusión de una globalización, en la que siguiendo las reglas que han establecido los más poderosos, hay seguridad y progreso.
Eso se terminó, dijo el jefe de Estado canadiense. Hay una nueva realidad en la que los más poderosos (Estados Unidos, China o Rusia) establecen condiciones y pasan por encima de los que pueden menos.
Describió a Canadá como una “potencia media”, categoría en la que entra México, y consideró que es tiempo de hacerse cargo de los problemas de cada nación: Un país que no sea capaz de alimentar a sus ciudadanos, está en peligro; un país que no está insertado en el desarrollo tecnológico, está en riesgo; un país que no pueda defenderse, está en desventaja.
Carney subrayó que cada país debe volver al camino de su esfuerzo y de la defensa de sus recursos y sus ciudadanos; y a todas las potencias medias –otra vez, como México– les invitó a la unión y la cooperación, porque es muy amplio el camino en el que pueden colaborar en conjunto, para equilibrar la fuerza de las potencias.
Aquí la duda: ¿Que hará el gobierno de México? Somos vecinos de los Estados Unidos y no conviene luchar con ellos, y tampoco desaprovechar la oportunidad de estar asociados.
El camino es obligatorio: Hacernos cargo de nuestros propios desafíos, porque nadie va a venir a solucionarlos. ¿Estamos en esa ruta?