He recibido un buen número de comentarios sobre los casos reales que he mostrado en las últimas semanas, y eso me orienta hacia el tema que voy a tratar hoy. ¿Qué llevamos de nuestras familias dentro de nuestra conciencia? La pregunta se dirige a la reflexión sobre nuestros recuerdos y significados conscientes; mejor formulada, la pregunta sería: ¿Qué es lo que CREEMOS que llevamos en nuestro interior que proviene de nuestra familia de origen? Las respuestas son diferentes si la pregunta nos la hacemos nosotros mismos en pensamientos internos, si lo hacemos de manera escrita, o si nos pregunta otra persona. En nuestras respuestas influirá el contexto en que estamos, nuestra edad, nuestra relación con quien conversamos; también influye si nuestros padres o hermanos viven o han fallecido. Es decir, las respuestas a estas preguntas evolucionan, no son fijas. No obstante, el solo hecho de hacernos la pregunta y contestarla promueve un proceso reflexivo que nos ayuda a conocer algo de nosotros mismos. Avanzamos en autoconciencia.
¿Por qué el tema es importante en la práctica de la medicina?
Justamente, este es un punto de partida relevante para educar médicos centrados en las personas. Un clínico no podrá ejercer la medicina centrada en la persona con solo memorizar los componentes del método clínico centrado en el paciente y con buena voluntad. Se requiere que el estudiante avance en su autoconocimiento, y el primer paso es hacer una tarea meditada y formal, en la que exprese por escrito sus reflexiones y las intercambie con sus colegas dentro de un grupo de iguales que ha hecho un serio y formal compromiso de confidencialidad de estos intercambios. Ahí se empiezan a formar los médicos familiares/generales de gran calidad (1).
Serán médicos centrados en las personas e irán aprendiendo cada día de los “libros de vida inéditos” de sus pacientes y familias. Con el paso de los años resolverán bien los casos que médicos sin esta formación, verán como casos indeseables, intimidantes o aversivos.
En cada encuentro médico hay al menos dos familias presentes física y psicológicamente
Hay consenso en que la atención que se da en el Primer Nivel de Atención debe mantener la continuidad. Una de las cualidades sustantivas de esa continuidad es que los pacientes y familias escojan y mantengan cuidados de su salud con un solo médico familiar/general. El hecho sustantivo es que los pacientes y su médico sean personas conocidas y mutuamente aceptadas. El médico debe ser capaz de adaptarse de manera profesional, compasiva y ecuánime a TODO tipo de paciente. Este nivel de profesionalidad del médico es la tarea más formidable que debería emprender la escuela de medicina. Lo que quiero decir, es que la medicina general académica tiene desde 1960 las herramientas necesarias para transformar los encuentros difíciles con algunos pacientes, en relaciones terapéuticas. La esencia de lo que estoy planteando es que el médico familiar/general, como profesional que atiende la salud física, psicológica, incluso espiritual de sus pacientes, está profesionalmente obligado a realizar una reflexión sobre su propia historia de vida. Eso le prepara para abordar de la mejor manera posible su tarea con la gama enorme de personalidades y contextos que verá en su vida profesional.
Las instituciones de salud y las escuelas de medicina parecen ajenas al reto
Por su lado, las escuelas de medicina no desarrollan programas formales para la formación en autoconciencia, y los organismos asistenciales no promueven, ni premian las relaciones médico-paciente de largo plazo; sin ello, es muy difícil que florezca “la sociedad de la inversión mutua” (2) que médico y paciente construyen paso a paso y que permite enormes beneficios en salud y reducción de gastos del sistema.
Educar para el autoconocimiento es arduo y requiere vocación
En los medios universitarios es común el temor de causar “crisis que se pueden inducir en los estudiantes y residentes” cuando se emprende la educación de los afectos. Un amigo brasileño-español (recién fallecido) Pablo González Blasco, relató que fue increpado en un evento académico en Europa porque hacía talleres usando cortos de cine que mueven intensas emociones en los médicos jóvenes (3). Le decían que podría causar crisis incontrolables en los estudiantes. Las críticas fueron atajadas por profesores veteranos diciendo que las crisis afectivas en los jóvenes ya eran realidad desde años antes y que los cortos de cine servían como medios para descubrirlas oportunamente (3).
En mi experiencia con estudiantes y residentes concuerdo con que un gran número de ellos vienen ya cargados hoy en día, de enormes dificultades psicológicas y sociales. Cuando he hecho el ejercicio de “Lo que llevo de mi familia en mi” he encontrado cuestiones graves que requieren abordajes psicoterapéuticos largos y complejos (que la práctica médica podría hacer estallar en el futuro). Aun así, estos jóvenes logran aprender o al menos inician el aprendizaje de la ecuanimidad compasiva en medicina, lo cual les da una oportunidad para equilibrar su salud en un medio desfavorable. Entre los estudiantes que encontré, varios abandonaron sus estudios por una combinación de complicada situación psicosocial y enfermedad física crónica. Hubo casos que desconocían quién era su padre, u otros con abandono paterno a edad temprana; alguno supo que era un niño adoptado desde su primer año de edad. Hubo alguno que estudiaba medicina por decisión paterna y tradición, para heredar clientela privada. Algunos tenían hijos sin seguridad en su relación de pareja. Preguntar ¿qué llevas de tu familia en ti?, ofreció un rico material balanceado de fuerzas y debilidades, expresado en confianza a pesar de los sentimientos incómodos. En todos los casos, el grupo fortaleció las fuerzas y ayudó a procesar las debilidades.
Conclusión
Los médicos en formación deberían tener espacios curriculares formales, con garantía de confidencialidad, donde puedan recibir formación sobre las bases del autoconocimiento que les permita avanzar en la capacidad para desarrollar compasión unida a ecuanimidad en los complejos procesos de la relación con sus pacientes. No hacerlo pone en riesgo a los pacientes y a los médicos porque la compasión no se puede dar equilibradamente cuando tenemos carencias afectivas importantes en nuestro ser. Y sabemos bien que la falta de compasión ecuánime daña a los pacientes y deteriora el funcionamiento de los sistemas de salud (4). Así que, por razones no solo humanistas, sino de eficiencia administrativa, es necesario asumir el alto nivel de formación psicosocial que debe tener el médico del presente, en particular el médico familiar/general.
Referencias