En la última década, nuestra vida se ha mudado casi por completo al entorno digital. Sin embargo, mientras la tecnología avanzaba a pasos agigantados, nuestro marco legal en materia de protección de datos personales permaneció congelado en 2010, cuando por ejemplo, Facebook todavía no existía.
Recientemente se han iniciado una serie de diálogos para actualizar este marco normativo. La iniciativa liderada por la secretaria de Anticorrupción y Buen Gobierno, Raquel Buenrostro, surge de una necesidad crítica en la que podríamos discutir su análisis: por ejemplo, que al actual marco normativo le hace falta un desarrollo de los principios y deberes, que carece de esquemas de prevención y, que su régimen sancionatorio no es lo suficientemente eficaz ni disuasorio, pero en lo que no hay discusión, es que es necesaria su actualización como modelo normativo y que es necesario esté a la altura de los principales estándares internacionales.
Incluso, se podría transitar hacia una sola ley sin distinción de sector público o privado, que retome la vanguardia, brindando certeza jurídica a través de la innovación y la responsabilidad compartida, pero si no hay condiciones, entonces una ley hacia los particulares, que se anticipe a los desafíos modernos. Entre los puntos clave que considero se deberían tomar en cuenta, figuran los siguientes:
Para que México se posicione en la vanguardia, es esencial alinearse con los estándares internacionales más avanzados, como el Convenio 108+ Plus y su correlación con regulaciones de avanzada como la Ley de Inteligencia Artificial europea.
Estamos ante una oportunidad histórica para dotar a México de una legislación que no solo proteja nuestra información, sino que impulse un crecimiento económico moderno, basado no en sancionar más eficientemente a los particulares, sino en fortalecer una cultura donde los responsables del tratamiento de datos asuman un papel con el rigor que exige la confianza depositada por las personas, y que los titulares ejerzamos a plenitud nuestro derecho y denunciemos los indebidos tratamientos.