En días pasados tuve la necesidad de internarme en el hospital. En principio, por una neumonía y un dolor muy intenso que tenía en mi pierna; resultó ser una fractura espontánea que se desplazó y requería cirugía. Llegué al hospital muy cansada de muchos días, de mucho dolor constante, porque no me había dado cuenta de la fractura. Ya había pasado varios días en casa con los dolores insoportables, así que al llegar al hospital el cuadro no era muy favorecedor ni en mi estado de ánimo, ni en la cuestión de salud.
Los médicos, muy profesionales, se enfocaron en atender primero la cuestión respiratoria y checaron de inmediato que también traía otra infección que había que atender antes de pensar en operarme.
Así que pasé varios días hospitalizada, y me sirvieron para reflexionar y caer en la cuenta de que no contamos con un protocolo de atención para personas con discapacidad en los hospitales.
En mi mente hice miles de preguntas: ¿Qué sucede cuando una persona con discapacidad llega a un hospital? ¿Qué tan sensibles y empáticos son los médicos y el personal hospitalario para atender una situación de una persona con discapacidad? Se va a mover distinto, va a entender de manera distinta y de seguro requiere una acompañante, aún en emergencias. Quizás no pueda comunicarse de manera convencional o que es ciega y no pueda ver lo que está sucediendo.
¿Cómo vamos a manejar a un chico con autismo en un ambiente tan distinto al suyo?, lleno de médicos que alteren su conducta, que le pidan hacer cosas y a lo mejor no comprenden que no coopera, que puede ponerse agresivo.
La situación puede ser bastante más llevadera si contamos con información apropiada sobre las características propias de la persona con discapacidad. En ocasiones, el paciente con discapacidad podrá dar su información, los cuidados que requiere por su condición, y aquí sólo queda que los médicos sean sensibles y empáticos para respetar esas diferencias de manejo y trato.
En caso de no ser así, ¿qué tan posible es el acceso para un acompañante de la persona con discapacidad?, porque en un momento dado hasta serviría para tranquilizar al paciente.
Estuve un día en emergencias bien atendida, haciendo los estudios que correspondían al problema respiratorio y la infección que tenía. Aunque de momento no se preocupaban demasiado por mi pierna, el dolor era insoportable; me pedían moverme como si no tuviera el dolor y mi movilidad era casi nula. Costó trabajo que algunos no comprendieran que mi cuerpo no podía cooperar en ese momento con los movimientos solicitados y que el dolor era sumamente intenso.
Esto me hizo pensar y querer ocuparme de trabajar más, mucho más, para concientizar a los médicos, a las enfermeras, enfermeros, camilleros, incluso las trabajadoras sociales que se encuentran en los servicios de salud, sobre cómo debe atenderse una persona con discapacidad.
En todo momento estuve consciente y yo podía expresar cómo me iba sintiendo y qué sí podía hacer y qué no; decir la intensidad de mi dolor, pedir que atendieran mi pierna.
Ellos ya habían iniciado con los tratamientos de la neumonía y podía explicar todo lo que sentía; decir a qué soy alérgica y a qué no. En urgencias sólo pasa el paciente y es comprensible, porque los familiares permanecen fuera.
Y mi mente seguía llenándose de preguntas. ¿Qué pasaría si fuera un chico con discapacidad, o un niño que no puede expresarse, que no puede decir qué le duele? Que no entiende lo que está pasando su alrededor y en ese torbellino de médicos y enfermeras, por estar al pendiente del cuerpo, pueden olvidarse de la persona y más si presenta discapacidad. Intercambian opiniones entre ellos, entre los residentes, y se les puede olvidar que están hablando de ti, una persona.
Mi pregunta más grande: ¿Estamos realmente preparados en el Sector Salud, público o privado, para circunstancias como esta?
¿Cómo podemos contribuir quienes vivimos con discapacidad y quienes son familiares de alguien con discapacidad, para trabajar y tener un programa que genere conciencia y procedimientos específicos para los casos donde el paciente es una persona con discapacidad?
Y aún en caso de que puedas explicar todo, sería excelente contar con un documento donde especificáramos qué medicamentos tomamos, cuál es nuestro nivel de presión acostumbrada, a qué somos alérgicos, ya sea alimentos o medicamentos; qué otras particularidades tenemos por nuestra discapacidad, y si tenemos una enfermedad de base aparte de la discapacidad.
Tenemos una gran tarea, y los más interesados en conseguir buenos resultados somos quienes vivimos esta condición y nuestras familias.
Esta ha sido la razón por la que me ausenté varias semanas sin enviar columna. Mi cuerpo necesitaba una reestructura importante. Gracias a Dios, a los médicos, a todos los que intervinieron en mis días de hospital (enfermeros, camilleros y todo el personal hospitalario) las cosas van muchísimo mejor. Estoy recuperándome ya en casa, y quiero ahora comprometerme conmigo y con todos los miembros de la comunidad que vivimos con discapacidad, a generar protocolos y lograr que se lleven a cabo en los hospitales de Jalisco.
Yo insisto en unirnos como comunidad, sabiendo que cada discapacidad debe tratarse de manera distinta, pero habrá puntos en común y generalidades en las que podamos trabajar todos juntos y dar mejores resultados, a fin de lograr una iniciativa que transforme los cuidados hospitalarios en nuestro Estado.
Sé que ustedes tendrán muchas historias como esta, de las que podremos rescatar puntos en común y sobre todo, llegar a soluciones proactivas y positivas que ayuden a todas y todos.