La senadora Andrea Chávez negó haber impulsado o usar el salón de belleza instalado en el Senado, luego de que el espacio generara críticas por posibles privilegios

La senadora Andrea Chávez negó de manera tajante haber impulsado la instalación de un salón de belleza dentro del Senado de la República, luego de que el tema desatara críticas por posibles privilegios en un recinto que presume austeridad.
“Ni habilité ningún salón de belleza, ni me peino en el Senado, ni me peina nadie”, afirmó la legisladora de Morena, al rechazar los señalamientos que la colocaban como promotora del espacio. Para reforzar su postura, agregó: “Tengo una Dyson, me peino en mi casa, y no tengo nada que ver con la película que se montaron”.
La discusión surgió después de que Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta de la Mesa Directiva, confirmara la existencia de una estética dentro del Senado. La funcionaria justificó el espacio bajo el argumento de que “todos debemos estar bien presentados” y sostuvo que no se trata de un privilegio, ya que cada legisladora o legislador paga de su bolsillo los servicios que utiliza.
Según Castillo Juárez, la estética se habilitó pensando en las senadoras que viajan desde otros estados y llegan de madrugada a las sesiones. Aun así, evitó detallar costos y reconoció que ella misma ha hecho uso del lugar.
El debate no tardó en escalar. Senadoras de oposición aseguraron desconocer la existencia del salón y exigieron transparencia, al tratarse de un espacio dentro de un edificio público. Para ellas, aunque el servicio se pague de manera individual, el uso de instalaciones, luz y mantenimiento sigue siendo un recurso del Estado.
La controversia se agudizó cuando, minutos después de que la presidenta del Senado defendiera la estética, personal de resguardo colocó sellos de suspensión en la puerta del lugar, ubicado en el segundo piso, junto a los servicios médicos y sin placa que lo identifique.
En medio del cruce de acusaciones, Andrea Chávez se desmarcó por completo del tema. No solo negó haber solicitado o utilizado el salón, sino que calificó la polémica como una exageración sin sustento. Su mensaje fue claro: no tiene relación alguna con la instalación ni con su operación.
Mientras tanto, el caso deja una pregunta abierta en el aire político: ¿cómo se concilia el discurso de austeridad con espacios que, aunque pagados por los legisladores, operan dentro del corazón del poder legislativo? La respuesta, por ahora, sigue sin peinarse del todo.