Es una diosa, símbolo de triunfos, ícono de la ciudad, es el rostro de las y los tapatíos. Es La Minerva, la escultura que el gobernador Agustín Yáñez encargó al arquitecto Julio de la Peña y elaborada por el escultor Joaquín Arias Méndez.
Hoy es parte de un espacio en el que la población coincide en auto, a pie, en bicicleta. Ha sido el centro de celebraciones, de manifestaciones, de torneos deportivos, pista del automovilista tapatío Sergio Pérez, escenario de artistas locales como Alejandro Fernández e internacionales como Marc Anthony.
Todos la quieren porque no solo es una obra de arte, sino que representa la belleza de nuestra ciudad y es un símbolo de nuestra identidad tapatía.
El gobernador del Estado, Pablo Lemus Navarro, instruyó a la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública que creara un espacio donde todas y todos pudieran disfrutar, por lo que se renovaron más de 24 mil metros cuadrados de la Glorieta de La Minerva, para optimizar, sí la movilidad peatonal y ciclista, pero también vehicular, sin sacrificar ni un solo carril.
El proyecto que inició en septiembre pasado y que se inauguró el 13 de enero, buscaba, además de generar un espacio de mayor convivencia y apropiación social en esta glorieta, también dignificarlo y revitalizar a La Minerva, preservando su valor arquitectónico, social y cultural.
Desde el Gobierno de Guadalajara también buscamos mostrarle al mundo la belleza tapatía y que se respeta como ícono invaluable, no podríamos ponerle un costo en pesos y centavos. Tampoco se trata de lucrar con un monumento, pero sí de sentirnos orgullosos de lo que nos representa.
El Cabildo de Guadalajara autorizó que la imagen de La Minerva se imprima en la envoltura de un chocolate de una fábrica que nació cien por ciento mexicana, la Azteca, adquirida por una empresa multinacional, Nestlé.
La ciudad y sus íconos, sus monumentos, son de todos. Si bien, como gobierno debemos velar por su conservación, no podemos evitar la apropiación de los mismos, al contrario, y por lo mismo, queremos que el uso de esta imagen sea el más apropiado y digno.
También creemos válido que podemos presumir y mostrarle al mundo el mejor rostro de nuestra ciudad, el de nuestro símbolo, y por ello podemos darle difusión a nuestra identidad, sin cargo al erario.
En Europa hay una ley de libertad de panorama para la toma de fotografías de espacios públicos, edificios, monumentos y esculturas y hace algunos años, surgió una polémica por una iniciativa que buscaba grabar el uso de sus íconos con fines comerciales, pero también surgieron voces que llamaban a permitir la divulgación de su riqueza arquitectónica y cultural.
En Guadalajara tenemos una diosa que nos inspira y nos representa, es ícono de nuestra ciudad, que en unos días cumplirá 484 años y que hoy más que nunca es más guapa, más nuestra, y que estará no solo en 9 millones de envolturas, sino en los ojos de todo el mundo por la justa mundialista, porque es el rostro de todas y todos los tapatíos.