Este domingo que se celebró el Super Bowl, incluso quienes no seguían la trayectoria del cantante conocido como Bad Bunny pudieron identificar de quién hablamos. Desde el anuncio de su participación como artista principal, el puertorriqueño estuvo en el centro de la polémica: se ha posicionado abiertamente en contra de las políticas migratorias del presidente Donald Trump, quien manifestó públicamente su desacuerdo con su elección para encabezar el espectáculo.
La participación de Benito Martínez —su nombre real— llega en un momento en el que ha consolidado un liderazgo cultural sin precedentes. Hace apenas una semana ganó el Grammy a Mejor Álbum con una producción completamente en español, marcando un hito en la industria. Además, se posicionó como número uno en plataformas de streaming a nivel global. Su presencia en uno de los escenarios más vistos del mundo fue, en sí misma, un mensaje sobre identidad, lengua y representación.
Más allá del espectáculo, conviene detenernos en el papel que hoy asumen las figuras públicas con una voz de alcance masivo. Bad Bunny ha reiterado en diversas entrevistas su compromiso con Puerto Rico, su postura frente a la desigualdad, la gentrificación, la violencia de género y la defensa de comunidades históricamente discriminadas. No se trata únicamente de música; se trata de una narrativa coherente entre discurso y acción, que busca contrarrestar los discursos de odio.
En tiempos donde la conversación pública se polariza con facilidad, la influencia de artistas de esta dimensión adquiere un peso particular. Cada mensaje emitido desde un escenario global puede amplificar causas, visibilizar injusticias o alimentar divisiones. La responsabilidad es proporcional al alcance.
Este fenómeno no es exclusivo del entretenimiento. Nos interpela como sociedad. Si reconocemos que el poder de la palabra transforma realidades, debemos ejercerlo con conciencia en todos los ámbitos: cultural, político y comunitario.
El caso de Bad Bunny abre una reflexión más amplia: ¿qué hacemos con los espacios que ocupamos y dónde decidimos poner nuestra voz? Las sociedades más justas no se construyen desde el silencio ni desde la confrontación permanente, sino desde discursos y acciones firmes que apuesten por la paz y la unidad.
Enhorabuena a Benito, y a todas y todos aquellos que han decidido hablar para luchar por una sociedad mejor. Porque cuando la voz tiene alcance, el silencio también se convierte en sí, necesito para en corto tengo postura.