Durante las investigaciones se interceptó una llamada entre el alcalde de Tequila, Diego Rivera, y su pareja, en la que sostuvo que podían investigarlo sin problema, pues no le encontrarían nada

La captura del alcalde de Tequila, Diego Rivera Navarro no solo expuso sus lujos personales; abrió una “caja de Pandora” sobre la seguridad en el estado. Según expedientes de la Fiscalía General de la República (FGR), en Jalisco operan activamente 13 grupos criminales, liderado por una célula delictiva con un control hegemónico en la Región Valles.
El reporte detalla cómo el crimen organizado cooptó las instituciones. Se menciona la conexión con Severo Flores, exjefe policial en Ameca sancionado por EE. UU., quien presuntamente filtraba información de operativos a dicha organización. En Tequila, la estrategia fue clara: control total de la policía y uso de la estructura municipal para negocios ilícitos.
Saqueo de agave y pueblos fantasma
La ambición de las células criminales, particularmente la de un cabecilla llegó al corazón de la industria tequilera. Familias del poblado de Los Naranjos denunciaron ser víctimas de:
Desplazamiento forzado bajo amenazas de muerte.
Robo de plantíos de agave y cabezas de ganado.
Saqueo de fincas, escuelas y capillas.
“Que me investiguen lo que quieran”
A pesar de la gravedad de los señalamientos, que incluyen el presunto secuestro de candidatos en 2021, la FGR interceptó una llamada donde Rivera Navarro le asegura a su pareja: “Que me investiguen lo que quieran, no me van a encontrar nada”. Sin embargo, las pruebas sobre la nómina municipal con presuntos operadores del grupo criminal y ciudadanos colombianos cuentan una historia muy distinta.