Dejar participar a un equipo que está vendido, y a otros más que están en el mismo proceso, establece la poca seriedad, nivel y categoría de la LigaMX.
Es triste y vergonzoso ver jugar al Mazatlán, equipo que en cinco partidos acumula cinco derrotas y es que, ¿a qué sale a jugar? ¿Qué objetivo, motivación o inspiración pueden tener sus jugadores y plantel en general, sabiendo que ya solamente están cumpliendo el trámite de jugar los partidos por compromiso, entendiendo que la franquicia desaparecerá del máximo circuito? Y eso es por hablar del equipo, pero ¿y la afición qué?
¿Alguien se ha puesto a pensar en el motivo de existencia para cualquier equipo en el mundo, los fanáticos, los hinchas, los aficionados? ¿No dice el slogan de la liga “juega limpio, siente tu liga”? ¿Qué sentimiento puede generar esto?
Pero Mazatlán no es el único ejemplo. Este mismo fin de semana, el director técnico del Atlas, Diego Cocca, declaró en su conferencia después de haber empatado ante Pumas, que el equipo no tiene futuro; que lo trajeron para poder vender a mejor costo la franquicia; que la directiva está pensando en el proceso de venta. Lamentables expresiones de un equipo en plena competencia, pero esa es nuestra Liga: la que no tiene ascenso, la que no tiene descenso, donde pululan los extranjeros que permiten el negocio de los que mandan; una liga de bajísimo nivel futbolístico, secuestrada por un sistema de competencia mediocre, que aleja la llegada de nuevos valores mexicanos y la exportación de jugadores que permitan tener una mejor base para la Selección Nacional.
Además de los casos de Mazatlán y Atlas, pudiéramos hablar de otros tantos, como el del León, o el Puebla, Juárez, Querétaro o San Luis, que en contextos diferentes, pero reflejan la inestabilidad, incertidumbre y pobreza de proyectos serios y comprometidos con el futbol mexicano, pues ya en algunos casos, las famosas inversiones extranjeras buscan sólo servirse de nuestro futbol, pero para buscar sus propios beneficios.
Pues que siga la fiesta, con estadios semivacíos, sin ídolos, con jugadores que cambian de equipo en una misma temporada, con partidos reprogramados, calendarios ajustados y un futuro gris para un deporte que significaba todo para un pueblo necesitado de evadir una realidad cada vez más cruda.