La detención de Diego Rivera como alcalde en funciones por presuntos vínculos criminales, no es sólo un hecho judicial, es antes que nada, un hecho político. Porque nadie llega a una presidencia municipal solo.
Antes de la vinculación a proceso, antes de la designación de una alcaldesa interina, antes incluso de la visita del gobernador con su gabinete, hubo una candidatura. Hubo un partido que lo postuló, estructuras que lo respaldaron, operadores que lo promovieron. La cadena de responsabilidad comienza ahí.
En Tequila, la institucionalidad reaccionó con rapidez. El cabildo cubrió el vacío político y el Ejecutivo estatal anunció una inversión de 500 millones de pesos para infraestructura, educación, salud, conectividad y promoción económica. El mensaje dado es que el Estado está presente, la gobernabilidad se restituye, la crisis no paraliza al municipio.
Pero la pregunta de fondo permanece intacta: ¿qué filtros fallaron antes de que la crisis existiera?
La política mexicana ha perfeccionado el protocolo de sustitución. Cuando un alcalde cae, se nombra interino. Cuando hay vacío, se cubre. Cuando hay escándalo, se anuncia inversión. Lo que no se perfecciona con la misma diligencia es el mecanismo previo: la evaluación real de perfiles, la revisión de antecedentes, la responsabilidad partidista frente a quienes postulan.
Los 500 millones de pesos cumplen una función clara: estabilizar, enviar certidumbre, proteger la actividad económica y el símbolo turístico que representa Tequila para Jalisco y México. También cumplen otra función menos visible: cerrar el capítulo con rapidez, desplazar la conversación hacia el futuro y evitar que la discusión se concentre en la cadena de decisiones que permitió el problema.
La inversión puede ayudar a recuperar confianza en el corto plazo. Lo que no puede comprar es una explicación convincente sobre cómo se rompió el primer filtro de la democracia local. Cuál fue la falla de Morena y cuántas más pudieron haberse cometido en el resto de las candidaturas que dieron en el pasado proceso electoral.
Lo que de verdad debe hacerse es asumir la responsabilidad por haber permitido que se descompusiera y diseñar los mecanismos que impidan que esto vuelva a pasar.