Desde que tengo uso de razón periodística y ya hace más de cuarenta años de eso, nunca, nunca había presenciado una ceremonia oficial o un acto protocolario para anunciar incentivos gubernamentales a la industria cinematográfica… hasta ayer; y sí es una ocasión para celebrar.
La industria cinematográfica, rica y diversa, mala, muy mala y extraordinaria, es el vehículo para la expresión del séptimo arte, dominado por Hollywood, lo sabemos; pero además, hemos sido y somos consumidores de sus producciones desde siempre; no lo podemos negar, independientemente de si es un gusto esporádico o una afición rayana en el fanatismo, hay de todo y en gustos se rompen géneros.
Casi todos los países tienen su propia industria que es más o menos fuerte dependiendo del poder económico de los gobiernos y de los productores. México tiene su propia historia, igual, rica y diversa, con altibajos notables registrados en estudios de largo alcance como la “Historia Documental del Cine Mexicano” que le llevó por lo menos tres décadas a Emilio García Riera documentar y publicar en varios tomos o, también de él, la “Breve Historia del Cine Mexicano. Primer siglo 1897-1997” (1998).
Desde los inicios hasta la época dorada, gloriosa; y luego, el desastre del cine de ficheras de los años setenta y el posterior surgimiento del Nuevo Cine Mexicano con la aparición de realizadores, fotógrafos, actrices y actores de primer nivel y un talento impresionante.
Los altibajos a los que me refiero han sido producto de un mayor o menor interés del presidente en turno y, por supuesto, de los gustos de los mandamases de la agenda cultural sexenio tras sexenio, desastrosos muchas veces. Lamentablemente, sí se podría decir que la mayoría de los gobiernos recientes ha mostrado un total y absoluto desinterés, de plano, hasta ahora.
El cine es algo más que la danza de las estrellas y los millones; mucho más que historias de abusos y de terror, más que sólo espectáculo o el circo de las vanidades, hay un cine profundo, con alcances filosóficos, de una gran trascendencia, con contenido humano alentador y, a veces, demoledor, pero de una belleza extraordinaria que deja en evidencia el talento de todos los involucrados en el proceso.
Tenemos nuestros grandes exponentes que han sido motivo de orgullo reciente como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu; no se diga otros de distintas épocas como Emilio “el Indio” Fernández, Ismael Rodríguez y Gabriel Figueroa. La lista es larga y no es el espacio para compartirla, los conocemos y tenemos incluso nuestros favoritos. Estos son sólo algunos ejemplos del talento, la perseverancia y la determinación para acceder a las grandes ligas y lograr el reconocimiento correspondiente, sólo directamente proporcional a sus merecimientos.
El cine es, pues, el vehículo de expresión del séptimo arte, pero también es una industria, una que genera empleos y riqueza desde la producción hasta la taquilla con más o menos éxito. También es reflejo de culturas, de idiosincrasias, de esencias, de visiones, de interpretaciones, de discursos que emiten y dejan mensajes profundos y diversos; hay posturas, planteamientos, narrativas, manifestaciones, testamentos, en fin, las posibilidades siguen siendo infinitas y no habrá IA que termine con eso, el talento y la creatividad de los seres humanos se abre camino, como el agua, siempre encuentra su cauce.
No se diga para los mexicanos, el ingenio y la creatividad, parte consubstancial de nuestra idiosincrasia, entra en funciones y llega a los más altos niveles.
¿Qué es lo diferente ahora? Decidí dedicarle el comentario a este tema por el anuncio de ayer en Palacio Nacional que, por fin, otorga incentivos a los productores para que sea atractivo filmar en México. Hoy se publica el acuerdo correspondiente en el Diario Oficial de la Federación y se cubre un rezago de décadas; uno que ha mantenido a la industria cinematográfica mexicana más bien en un nivel precario, apenas sobreviviente y resiliente sí, con muchas dificultades. Las cosas ya van a empezar a cambiar de la mano de un grupo extraordinario de mujeres líderes e impulsoras.
¿Y qué está en el fondo? Lo dijo Salma Hayek, presente en el acto que tuvo lugar en el Salón Tesorería de Palacio Nacional: es la oportunidad de decirle al mundo lo que verdaderamente somos México y los mexicanos.
Más allá de la inyección económica, de los incentivos fiscales, del apoyo a una comunidad cinematográfica talentosísima y ávida de respaldo, es “el orgullo también personal a México, la habilidad de contar más historias que nos representan, dentro de las historias y en nuestra gran capacidad artística de cómo contar las historias, que es importantísimo cuando estamos siendo atacados moralmente y que nuestra imagen está siendo representada de una forma completamente errónea. Poder tomar el control de decir: ‘esto es México, no lo que les están vendiendo, esto es quienes somos’. Y la importancia también que era para ella [la presidenta Claudia Sheinbaum] poder tener esa fuerza de narrativa auténtica y real de quién es nuestro país. Creo que el cine estuvo abandonado por mucho tiempo y gracias al talento mexicano que nunca se dio por vencido, no nada más hemos sobrevivido, sino que ha crecido a pesar de la completa falta de apoyo. Quiero decirles que yo creo que [ahora] nadie puede competir con nosotros”. Y habló de la diversidad ecológica, de la belleza y del talento de técnicos, actores, actrices, directores, fotógrafos, guionistas, todos; más los nuevos incentivos.
En esta decisión hay un trasfondo de atención a demandas largamente expuestas que no habían sido atendidas; hay un trasfondo de apoyo a la cultura, una exigencia añeja ahora con la visión y decisión de que sea garantizada como un derecho y no como un privilegio en cuanto a su práctica polifacética y para el acceso universal; de impulso a una actividad que deja en evidencia la creatividad, el ingenio y el talento de los mexicanos; y también hay un trasfondo de rescate de historias que exaltan nuestra riqueza y diversidad, nuestra grandeza, del país y de la gente, para alimentar el orgullo de nuestra identidad.
También con base en mi memoria reporteril de tantos años, las quejas por la falta de atención y presupuesto a la cultura, las críticas por el elitismo y los privilegios, que eran cosa de todos los días, podría ser que finalmente acaben porque la perspectiva es otra. Claudia Sheinbaum lo dijo: “[…] La idea es que la cultura es un derecho, no es un privilegio para unos cuantos. El acceso a las escuelas, todo lo que tiene que ver con la cultura tenga esta posibilidad. México es un país grandioso, extraordinario, no solamente por su diversidad ecológica, sus paisajes, sino sobre todo por nuestra historia, desde los pueblos originarios hasta esta historia grandiosa que tenemos, desde la independencia hasta nuestros días. Y es grandioso también por su pueblo, un pueblo resistente, un pueblo que siempre ha luchado por su independencia, por su soberanía y por la defensa de sus derechos culturales. Nuestro objetivo es estar a la altura de nuestro pueblo y estar a la altura de esta creatividad extraordinaria que hay en nuestro país”.
Este rescate, este reconocimiento, son grandiosos.