Ayer pasó como uno de los muchos trámites que a diario tienen lugar en la Cámara de Diputados: Sergio Mayer Bretón solicitó licencia, y se la concedieron, para irse a participar al reality televisivo conocido como “la casa de los famosos”. Está en su derecho, ni duda cabe. ¿Y los derechos de los ciudadanos?
Sergio Mayer es diputado, nuevamente, en la fracción de Morena. Se ha distinguido, como siempre en su trayectoria pública, por su trayectoria en la farándula y el entretenimiento.
Sorprende que como diputado federal, participe en comisiones legislativas como la de Seguridad Ciudadana, Defensa Nacional y Justicia. ¿Será que sus posturas y sus votos hayan influido en la reforma al Poder Judicial que ahora pretenden volver a reformar los mismos diputados de Morena?
Sergio Mayer no es el primer miembro del “mundo del entretenimiento” que llega a una Legislatura. En el pasado han circulado por ahí personajes como las fallecidas Carmen Salinas e Irma “La Tigresa” Serrano, por citar dos conocidos ejemplos.
Y aclarando: no es que un actor de televisión o de cine; un personaje del ámbito artístico o farandulezco, sea peor o mejor que los políticos desconocidos o ex deportistas (¡qué decir de Cuauhtémoc Blanco!), o dirigentes sindicales, o ex gobernadores que están o han estado antes en la Cámara de Diputado o en el Senado.
Son los frutos podridos de la democracia. Porque las reglas permiten que lleguen al cargo por la vía de los votos.
Pero con sinceridad: en un país como el nuestro que se debate en el afán de reformar su democracia; de resolver la inseguridad y la violencia; de reformar su sistema de salud o su sistema educativo, para garantizar mayor igualdad y justicia, ¿es ético que un diputado deje la curul para irse a participar a un reality show televisivo? ¿Ese es el nivel de compromiso y responsabilidad que le permitirá mejorar, no a la sociedad, sino al Poder Legislativo?
En el terreno estrictamente legal, debería ser mucho más serio y solemne y riguroso, admitir a un ciudadano para que se integre como legislador, y también para que se retire de su función antes de tiempo.
Pero si los diputados y senadores mismos no toman en serio su tarea y su investidura, si las cámaras son, finalmente, un espacio de actuación política, no se le puede reclamar a un integrante de la farándula que salte de un espectáculo a otro según le convenga.