Mi amor por Tapalpa viene de mis ancestros maternos. Mi abuelo nació en un rancho conocido como “La Providencia” y mi abuela en la comunidad de San Antonio, antes de llegar a La Frontera.
Tapalpa, desde niño, fue mi lugar favorito y hoy, es rincón para disfrutar junto a mi esposa, mis hijos, mi madre y mis hermanos. Para mí, Tapalpa tiene muchos rostros, de aire fresco, de barbacoa, de ponche, de tranquilidad, pero principalmente de mis recuerdos de infancia pasando las vacaciones con mis hermanos y mis primos, corriendo por las parcelas de mi tía Rosario y bañándonos en el arroyo de agua fría que bajaba de la sierra.
Es cierto que esa paz que buscamos en este hermoso municipio fue vulnerada este domingo; yo, al igual que todos los jaliscienses, lo viví, pero especialmente con mucho dolor por ser la tierra que vio nacer a mis abuelos y a mi madre.
Pensando en el Jalisco y en el México de mis hijos, lo que más quiero es volver a Tapalpa a tener todos esos buenos momentos que he vivido por años ahí. También quiero una ciudad en la que las y los tapatíos salgamos a disfrutar sin miedo.
No podemos negar la realidad que vive nuestro país. Lo que sucedió, tristemente no es nuevo, y tampoco sé cuándo va a terminar. Lo que sí sé, es que como padre, como ciudadano, como servidor público, tenemos una responsabilidad muy grande, la de ayudar a construir la paz.
Iniciemos con un consumo de información más inteligente; estamos expuestos al bombardeo de datos, muchos de ellos falsos. Necesitamos aprender a comunicarnos con inteligencia y con empatía, no negar la realidad, sensibilizarnos ante la tragedia, pero tampoco ser partícipes de cadenas de desinformación que lo único que generan es ansiedad en nuestros niños, en nuestros adolescentes y jóvenes.
No podemos vivir asustados; podemos contribuir a evitar falsas alarmas, pues en un solo día nuestros bomberos recibieron por lo menos cinco reportes de hechos que, al llegar al lugar, no existían. Esto no solo provoca el desgaste de recursos humanos y materiales, también genera pánico.
Queremos seguir disfrutando de la vida campirana que nos ofrece Tapalpa, del aire fresco de Chapala, de las tostadas de Ciudad Guzmán, de la playa en Puerto Vallarta y Costalegre, de Los Altos de Jalisco, de los cantaritos de Amatitán y de la bebida más mexicana en Tequila. Del mariachi en Tecalitlán y Cocula, de la birria en San Martín Hidalgo y La Barca. Visitar a la Virgen de San Juan de los Lagos, peregrinar a Talpa y participar en la Romería de la Virgen de Zapopan. Tocar las nubes en San Sebastián del Oeste y ver las estrellas en Bolaños.
Tapalpa es mucho más que un trágico domingo. Jalisco es el Estado más mexicano, Guadalajara es la Ciudad de las Rosas. No son lo que pasó, sino lo que permanece y lo que queremos para nuestras familias.
Leonardo Curzio llamó al gobernador Pablo Lemus a encabezar una gran alianza para recuperar el nombre del Estado, porque es mucho más que el nombre de una organización criminal. No tenemos que recuperarlo, Jalisco es nuestro, de las mujeres y los hombres ilustres que a lo largo de la historia han hecho grande a nuestra entidad, de las y los jaliscienses que día a día construyen y son la riqueza de nuestras comunidades.
Sí, Jalisco es México, y sí, Tapalpa es un gran pueblo mágico, ha sido nuestra casa y lo seguirá siendo, porque estoy seguro que es más la gente buena y trabajadora y que entre todos, seguiremos construyendo la paz con el gran amor que tenemos por nuestra tierra.