Una amiga tuvo la mala fortuna de estar el pasado fin de semana en Puerto Vallarta. Semanas atrás, ella, su esposo y otras parejas decidieron rentar una casa con alberca; todo iba bien hasta que debió salir al Oxxo. Escuchó motocicletas y gritos que ordenaban resguardarse. También vio personas armadas, pero no uniformadas. Era domingo, más o menos las 09:30 de la mañana.
Esa escena no habla de eficacia criminal, habla de velocidad. No fue un comunicado oficial el que la hizo regresar, ni un video en redes sociales en donde algún funcionario explicaba lo ocurrido; fue el ruido, la urgencia, el miedo.
En situaciones de riesgo, la información que llega primero es la que organiza el cómo debemos comportarnos, qué sí y qué no debemos hacer.
Tras el operativo del domingo, tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como el gobernador Pablo Lemus insisten en que existe comunicación constante entre los gobiernos federal y estatal. El mensaje claro es que “hay coordinación”. Y probablemente la haya. Pero en materia de seguridad, la coordinación no se mide por la frecuencia de las llamadas, sino por la claridad que percibe la ciudadanía.
Cuando la información tarda en llegar, cuando circula en tiempos distintos o cuando el ciudadano debe reconstruir lo ocurrido a partir de fragmentos dispersos, la narrativa oficial pierde fuerza. No porque no haya diálogo interno, sino porque la coordinación, si no se transmite con oportunidad y coherencia, se vuelve invisible.
La seguridad no es solo despliegue operativo; también es manejo informativo. En contextos de tensión, comunicar es parte de la estrategia. Una línea directa entre niveles de gobierno debería reflejarse en mensajes sincronizados y en certezas inmediatas. De lo contrario, el vacío lo ocupa el ruido y ese llegar primero.
Después de más de un año de gobiernos en funciones, la relación entre ambos niveles de gobierno ya superó la etapa declarativa. Lo que hoy se evalúa no es si hay buena voluntad política, sino si la coordinación se siente. Porque cuando funciona, reduce incertidumbre.
Mi amiga no esperó confirmaciones oficiales. Se resguardó cuando el entorno se lo indicó. Esa es la lógica elemental de cualquier persona ante el riesgo. La pregunta es si la información institucional puede llegar con la misma oportunidad que el estruendo. Porque en seguridad, la confianza se construye en el tiempo exacto en que aparecen las certezas.