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7 marzo 2026
Ismael Ramírez
Ismael Ramírez
Especialista en Medicina Familiar. Maestro en Farmacología. Dr. en Investigación Psicológica

Urdir enfermedades para vender tratamientos

7 marzo 2026
|
05:00
Actualizada
22:50

Hoy abordo la “promoción” de enfermedades por la industria con el fin de vender sus productos. Algunos sinónimos de “urdir” son: maquinar, tramar, fraguar, planear, conspirar, enredar, etcétera. En inglés a esto se le denomina “Disease mongering” (1). “Monger”, es un despectivo para nombrar comerciantes sin ética que vendían pescado en mal estado, “fishmonger”; así que, denominarle en español “urdir, maquinar enfermedades, o mercantilización de las enfermedades” (2) es benévolo. La periodista Lynn Palmer, inició el concepto con la publicación en 1992 de libro “disease mongering”. A su vez, hay continuidad del concepto “medicalización de la sociedad” (2) del filósofo Ivan Illych en su libro “Némesis médica”.

Hoy internet facilita el proceso de engañar a las personas sanas para convencerlas de que requieren medicamentos (vitaminas, suplementos proteicos, energizantes etcétera); y para hacer sentir severamente enfermos y en grave peligro a aquellos con ligeros problemas de salud.

¿Como se promociona o crea la necesidad de tratamiento médico para un problema que no es percibido como enfermedad por la población y la comunidad médica?
La poderosa industria farmacéutica suele utilizar a sus departamentos de relaciones públicas como ejecutores de una estrategia triple:

A) Alquilar médicos líderes de opinión en un país o región de éste para que dicten conferencias, cursos, y participen en congresos con un libreto diseñado por la industria que haga ver excelentes a sus productos.

B) Realizan campañas de miedo a la supuesta enfermedad en medios públicos a través de periodistas a su servicio. Hoy las redes sociales digitales están llenas de mentiras disfrazadas de información científica.

C) Financiamiento a grupos de autoayuda. Los grupos de pacientes asociados que establecen relaciones con la industria se exponen a los médicos alquilados que les dan información sesgada (1). Y no pocos grupos se benefician de la relación privilegiada con la industria.

Un ejemplo ocurrido en Australia
En 2002, se reportó que una empresa australiana de publicidad realizó una campaña en medios masivos sobre la calvicie masculina, señalando estudios que describían a los calvos como susceptibles a trastornos de pánico, problemas emocionales y dificultades para conseguir y mantener el trabajo. Después de la campaña publicitaria se elevó el número de calvos que solicitaban tratamiento a sus médicos; la trama publicitaria obedecía al plan de las farmacéuticas para introducir en Australia el minoxidilo y la finasterida para hacer crecer el pelo en la alopecia androide.

Otras estrategias para favorecer tratamientos médicos
Tomo el caso de la osteopenia (disminución del calcio en los huesos). Es cierto que la pérdida de matriz de ciertos huesos favorece las fracturas; pero, personas mayores se fracturan por debilidad de los músculos que les mantienen de pie, por pérdida de agilidad, por pérdida del equilibrio, por usar zapatos inadecuados, por problemas en la vista, por obstáculos en su casa, las banquetas y las calles. Para dar una idea del beneficio de tratar la osteoporosis (osteopenia avanzada) se tendría que medicar por 5 años a 1,111 mujeres de 50 años para evitar una fractura de la columna vertebral; en cambio basta con tratar a 47 personas de 90 años para evitar una fractura (3). Es evidente que la osteoporosis es un riesgo, no la enfermedad llamada fractura. Hay que tener un sano juicio para definir lo mejor para cada caso, incluyendo la preferencia de las personas. Es incorrecto darle alendronato a todas las personas que tienen un estudio con cualquier nivel de osteopenia. Además, los beneficios deben balancearse con los riesgos del fármaco. La FDA de EE.UU. emitió una alerta el 13 de octubre de 2010, que confirmó en 2018, advirtiendo de casos de fracturas atípicas del fémur en personas que en su mayoría estaba recibiendo alendronato en los últimos 5 años (4). ¿Se imagina usted lo que puede pasar si la industria convence a un país hacer detecciones masivas de osteoporosis a toda la población? La demanda por fármacos crecería en decenas de millones. Y con ello también los efectos adversos en personas que no reciben beneficio.

La tendencia extrema a “prevenirlo todo y lo más tempranamente posible” ha llevado actos de pánico, como la extirpación de las glándulas mamarias de adolescentes, hijas de mujeres con un par de genes asociados al cáncer mamario. Los genes BRCA1 y BRCA2 no determinan la enfermedad, dado que esta existe con y sin la presencia de los genes en cuestión. Sería más racional reducir el tabaquismo, los cancerígenos de la dieta industrial, la obesidad, que extirpar. El negocio del “diagnóstico genético” anunciado como la prevención más oportuna posible ya es una realidad.

La vida diaria convertida en enfermedad
La industria, cuando invade las escuelas de medicina, los sistemas de salud y los consultorios médicos, convierte en enfermedad las cosas comunes de la vida; el niño que no se puede concentrar es etiquetado con déficit de atención y medicado con anfetaminas. El metilfenidato aumentó su producción mundial de 2.8 toneladas en 1990, a 15 toneladas en 1997. Una sociedad hipercinética medicaliza a sus nuevas generaciones que cada vez son más hipercinéticas, historia que empezó en 1972 en EE.UU. (2). Recordemos también que la actual epidemia de adicción al fentanilo en Estados Unidos comenzó con la prescripción legal desmedida de analgésicos opioides por los médicos, claramente impulsada por los fabricantes del OxyContin (Oxicodona).

Maniobras para expandir el mercado del consumo de fármacos
La industria se disputa también los asientos de comités científicos que determinan cuál es el umbral al que una medicación crónica debe empezarse, así sea el nivel del colesterol o de la glucosa sanguínea. Mientras más bajo el umbral que determine el comité de expertos, cientos de millones de personas serán sujetos de tratamiento farmacológico. Una pregunta: ¿Haber bajado el umbral de glucemia de 140 a 125 representó reducción de la mortalidad por diabetes tipo 2? Vea la respuesta que da la IA de Google en una búsqueda simple:
“La reducción del umbral diagnóstico de glucemia en ayunas (de 140 mg/dL a 126 mg/dL, y la identificación de prediabetes desde los 100-125 mg/dL) no ha representado una reducción automática o directa de la mortalidad por diabetes, aunque sí ha permitido un diagnóstico más temprano y un mejor manejo de los factores de riesgo cardiovasculares”

La enredada relación de la industria con los médicos

Al menos la mitad de los estudios publicados en revistas prestigiadas como “British Medical Journal”, “Lancet” y “New England Journal of Medicine”, fueron escritos por personal de la industria farmacéutica y firmados por académicos que desconocían los datos crudos del estudio en cuestión (5). También se ha denunciado que especialistas prominentes han recibido 5 mil libras esterlinas por una conferencia acerca de un fármaco con el que no han tenido experiencia (5). La medicina participa en un sistema centrado en la ganancia, mientras hay menos reglamentación; solo la honestidad de los médicos puede reducir la manipulación de la población para generar demanda por medicaciones innecesarias. Un estudio de 1996 mostró que solo 1% de los médicos NUNCA usa la información sesgada de los representantes médicos en sus prescripciones de medicamentos (2). En mis clases de farmacología, yo planteaba esto como prueba del fracaso educativo en la enseñanza de la terapéutica farmacológica. Termino con una frase que evidencia la cultura prevalente de medicación innecesaria: “Doctor recéteme una vitaminas buenas, aunque sean caras…”.

Conclusión

La medicina en el mundo está bajo la presión de la industria para prescribir sus productos. Para ello, destina más del doble de dinero en “marketing” que en el desarrollo de sus productos (2). Ha infiltrado muchas escuelas de medicina, instituciones de salud, colegios profesionales y consultorios privados. Lamentablemente, algunos profesionales colaboran con la industria a cambio de regalos, cenas, viajes. La medicina requiere distanciarse de la industria, recuperar su autonomía o seguirá perdiendo prestigio público. El Estado debe asumir su papel, debe reglamentar la relación industria-educación médica; debe dejar de alentar programas preventivos que NO tienen beneficios poblacionales demostrados (por ejemplo, la detección masiva de cáncer de próstata) (6).
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Referencias
1. Shankar, P. R., & Subish, P. (2007). Diseases mongering. Singapore Medical Journal., 48(4), 275-280.
2. Morell-Sixto, M. E., Martínez-González, C., & Quintana-Gómez, J. L. (2009). Disease mongering, el lucrativo negocio de la promoción de enfermedades. Revista de Pediatría de Atención Primaria, 11(43), 491-512.
3. Holder KK, Shelton SK. Alendronate for fracture prevention in postmenopause. American Family Physician. 2008;78(5):579-580.
4. http://www.fda.gov/Drugs/DrugSafety/ucm229009.htm accesado el 22 de octubre de 2010.
5. Kmietowicz, Z. (2004). Consumer organisations criticise influence of drug companies. British Medical Journal., 329-937.
6. https://pmc-ncbi-nlm-nih-gov.translate.goog/articles/PMC4561549/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sge

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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