Desde que Pablo Lemus tomó posesión como gobernador del Estado pensé que la relación con el gobierno federal sería diferente, mejor por supuesto a la pésima que propició, impuso y practicó hasta el final de su sexenio, Enrique Alfaro Ramírez.
Voy a retomar aquí parte de lo que escribí luego de que asumiera el cargo el 6 de diciembre de 2024: en su discurso, Lemus “[…] dijo que Jalisco y los jaliscienses merecemos un ambiente de paz política. Que los contrastes, supongo que entre el gobierno del Estado y el federal, no tienen que dirimirse o abordarse a través de la confrontación o del pleito (no se lo mandó decir). Y, enseguida, anunció –y es un compromiso– que habrá trabajo coordinado y en conjunto con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo”.
Hasta aquí muy bien, sin embargo, en lo que va de la administración esto no ha sido tan claro en ciertos momentos. No puedo olvidar aquella declaración del gobernador (la pueden encontrar en internet): “Morena no quiere a Jalisco”, que expresó a finales del año pasado con respecto al presupuesto federal para las carreteras estatales. Y es sólo un ejemplo de afirmaciones sin sustento. Al cabo de los días quedó claro que sí hay dinero federal para las carreteras de Jalisco y ha habido para otras obras considerando también las exigencias mundialistas.
Es claro que asesores de Lemus no le están haciendo ningún favor con todo y que han de cobrar muy bien, pagados por nuestros impuestos; individuos que promueven totalmente el estilo de Alfaro y en ocasiones el gobernador, lamentablemente, les hace caso.
No ganamos nada con la actitud rijosa y peleonera del exgobernador, al contrario; lo hizo claramente con fines electorales y perjudicó a los jaliscienses, por ejemplo, con esta decisión que sostiene Lemus (ojalá reconsidere, porque además no nos preguntaron si queríamos o no) de no sumarse al Programa IMSS Bienestar.
Arreglar el mazacote de corrupción en los servicios de salud, hablando en términos generales y nacionales, ha sido una de las cuestiones más difíciles desde la administración pasada, la prueba es que aún no se concluye y que en el ínter fracasó el primer intento por resolverlo, el Insabi, por intereses, sindicatos, resistencias, boicots internos, tráfico de influencias, sobreprecios, subrogaciones, licitaciones y adquisiciones irregulares… en fin, lo que ya conocemos, producto sobre todo del desmantelamiento y abandono del IMSS y del ISSSTE urdidos por los gobiernos desde Salinas hasta Peña.
Como Jalisco está fuera, sus habitantes no gozan de beneficios asociados al IMSS Bienestar, por ejemplo, la credencial universal de salud, una estrategia que apenas se presentó para mejorar el acceso y la atención sanitaria de todos los mexicanos, independientemente de dónde sean derechohabientes, porque además el expediente de cada paciente será accesible desde cualquier institución de salud. Los habitantes de Jalisco no forman parte de esa estrategia y tampoco los de los otros siete estados que se mantienen firmes fuera del IMSS Bienestar. Reitero, ojalá, Lemus reconsidere (así como hizo con la obligatoriedad de la tarjeta bancaria y con el aumento a la tarifa del transporte; sí habrá incremento, pero no tanto). Si hay voluntad ya estamos de gane.
Bueno, todo esto es para referirme a la visita presidencial del viernes pasado en la que se presentó todo con gran armonía. La presidenta Claudia Sheinbaum celebró la mañanera en Jalisco, en Zapopan específicamente, que está en la zona metropolitana de Guadalajara, capital del Estado (digo, por aquello de la supina ignorancia que dejaron en evidencia reporteros de la Ciudad de México). Una vez más y con insistencia, tanto Sheinbaum como Lemus hablaron del trabajo coordinado que se hace en varias materias, seguridad para empezar; obras para el Mundial de Futbol concluidas prácticamente (el gobernador dijo: “La FIFA nos exige” que no haya ya más obras en proceso) y otras que tienen que ver con carreteras, trenes y de manera muy puntual y diferenciada, la construcción de una planta de ciclo combinado para fortalecer el suministro de energía a la industria estatal.
Insistir en una relación armónica entre la titular del Ejecutivo federal y el titular del Ejecutivo estatal no tiene nada que ver con cuestiones partidistas ni electorales. Tiene que ver con trabajar en coordinación para avanzar en obras, programas y acciones que beneficien a los jaliscienses. Alfaro nunca tuvo en mente a los jaliscienses, al contrario, pensó siempre en su beneficio y el de su partido, generó divisiones profundas y en muchos casos alentó odios inconcebibles en un entorno incierto y complejo como fue la pandemia. Hizo mucho daño a quienes tenía que servir y por eso pasa a la historia, hasta ahora, como el peor gobernador que hemos tenido.
Lemus tiene ante sí la oportunidad de corregir eso. Jalisco tiene un gran potencial, su propio desarrollo y evolución que no son menores, pero si se trabaja de la mano de la federación, el crecimiento puede ser exponencial.
Urge que no se pierda el tiempo en dimes y diretes, en pleitos sin sustento o en montajes perversos que podrían dejar fuera a Jalisco de beneficios extraordinarios más allá del presupuesto que le toca y se le entrega.
La mañanera del viernes y la actividad vespertina en El Salto, los discursos de Claudia Sheinbaum y de Pablo Lemus tienen que ser reflejo de una acción coordinada permanente para atender y avanzar en todos los ámbitos: seguridad, economía, infraestructura, programas sociales, jóvenes, mujeres, adultos mayores, niños y niñas, campo, industria, salud (ojalá, ojalá, ojalá), educación, todo. Nadie quiere que nos vaya mal a Jalisco ni a los jaliscienses ¿verdad?