El hecho es contundente: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, consiguió la alianza de varios presidentes latinoamericanos para establecer el “Escudo de las Américas”, una hechura en principio diplomática, que pone a las órdenes de la lucha contra el narcotráfico los esfuerzos de gobiernos como los de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y El Salvador, entre otros.
Como fenómeno de alianzas internacionales, tiene una particularidad establecida por el propio Trump: el objeto de combate es México. Nuestra nación ha sido señalada por el presidente norteamericano como “el epicentro de la violencia” provocada por los cárteles.
Apenas el viernes 06 de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum había anunciado en la rueda de prensa mañanera, cuestionada sobre el anuncio de acciones unilaterales en cualquier lugar de América Latina, que el gobierno mexicano tiene un “acuerdo de entendimiento” con el gobierno estadounidense desde hace varios meses. Y que con base en ese acuerdo se trabaja conjuntamente en el combate a la delincuencia.
El episodio de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, apenas el 22 de febrero, pareciera una “garantía” de protección.
Pero al menos en el discurso, la postura de Donald Trump indica otra cosa: insistió ante los jefes de Estado latinoamericanos que la presidenta Sheinbaum Pardo se niega a recibir el apoyo de su gobierno para enfrentar a los cárteles.
Hay algunas consideraciones para tener presentes sobre este tema, porque la presidenta Sheinbaum, cuestionada nuevamente este fin de semana, recurrió a su ya trillada estrategia de mantener “la cabeza fría”. En otras palabras, de su parte no habrá respuestas a las frases y provocaciones –porque eso son– del presidente estadounidense. En primera instancia, es lo más conveniente, aunque no es una solución de fondo.
Por otra parte, gobiernos tan importantes como los de Chile, Ecuador, Bolivia y Argentina, no pueden describirse sólo como víctimas inocentes de la acción de los cárteles mexicanos. La penetración de la delincuencia organizada es resultado de la debilidad de las instituciones y la corrupción de funcionarios civiles y de seguridad. El modelo se repite en todas partes.
Sin embargo, la presión diplomática aumentará para nuestro país, si al discurso punzante de Trump se unen los de Milei, Noboa o Bukele.
Un coro de acusadores no modifica la realidad, pero sí legitima las acciones del gobierno estadounidense, que con eso reduce la eficacia de las innegables acciones de colaboración del gobierno mexicano.
El Escudo de las Américas es un reto adicional para el gobierno mexicano, obligado ahora a mantener y fortalecer la lucha contra el crimen organizado, y al mismo tiempo, aumentar la colaboración e intercambio de inteligencia con naciones latinoamericanas. Es una carga extra con repercusiones económicas, políticas y sociales.