Quiero iniciar con esta frase del secretario de las Naciones Unidas (ONU) António Guterres: “Es hora de garantizar justicia para todas las mujeres y niñas”.
Este fuerte reclamo cobra doble importancia en la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, primero, porque persiste una tremenda desigualdad en las mujeres con discapacidad con respecto al resto de la población femenina, y en segundo lugar, porque no se ha eliminado la brecha de inequidad entre hombres y mujeres en varios aspectos que impiden se cumplan a cabalidad sus derechos fundamentales.
La agenda con perspectiva de género ya no se podrá borrar ni de las políticas públicas, ni de los programas de gobierno. Sin embargo, todavía existen pendientes que cumplir. La ONU declaró que las mujeres sólo gozan del 64% de los derechos legales en comparación con los hombres.
El 8 de marzo debe seguir siendo una conmemoración por la igualdad de los derechos, justicia y respeto en todos los aspectos de la vida, y para visibilizar las situaciones de las mujeres con discapacidad, un espacio donde convergen las luchas por los derechos de género y las barreras específicas de su condición.
De acuerdo con datos proporcionados por la Asociación Latinoamericana de Mujeres con Discapacidad (ALAMUD), hay 85 millones de personas con discapacidad viviendo en América Latina, y hay quienes insisten en seguir considerándoles como una minoría para invisibilizarlas. Otro dato revelador es la cifra proporcionada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que menciona que el 60% de la población latinoamericana que vive con esta condición, somos mujeres.
Estas cifras y otras estadísticas de nuestro país, deberían ser suficiente evidencia para acrecentar los presupuestos y programas de atención para disminuir la brecha de inequidad con las mujeres con discapacidad en México.
El 8 de marzo es un día para conmemorar y considerar ciertos avances que hay, sí, por supuesto, pero principalmente es un día para que juntos gobierno, sociedad, organizaciones y particularmente quienes vivimos con discapacidad, reflexionemos y marquemos nuevas y más sólidas rutas que provoquen cambios reales que permanezcan en el tiempo, no a juicio de quien esté en el poder político, sino por respeto a los derechos humanos y justicia hacia las mujeres, incluyendo las mujeres con discapacidad.
Algunas de las demandas persistentes: denunciar la doble o triple discriminación por género, discapacidad y en ocasiones por nivel socioeconómico, o pertenecer a pueblos originarios.
Eliminación de la discriminación de acuerdo con los datos del mismo INEGI, aproximadamente el 33.4% de las mujeres con discapacidad en México han reportado ser víctimas de discriminación recientemente, según datos de la Encuesta Nacional Sobre Discriminación (ENADIS) 2022.
Barreras de acceso: exigen el fin de las barreras en salud reproductiva, educación, empleo inclusivo y autonomía financiera.
Violencia específica: El INEGI reporta una alta prevalencia de violencia familiar y abuso de todo tipo, incluyendo el abuso sexual.
Ojalá llegue el 8 de Marzo donde la inclusión prevalezca, incluso sin distinción de su condición de discapacidad, ya que unidas llegaremos más lejos.