Durante muchos años el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) ha sido criticado no sólo por su ineficiencia, sino también por haberse convertido, en distintos momentos, en una agencia de colocaciones para acomodar a perfiles sin la preparación necesaria para pertenecer a una institución tan compleja.
Y aquí quiero detenerme en un punto que suele quedar fuera del debate: el perfil idóneo para dirigir al SIAPA.
Ante las críticas acumuladas, el Poder Legislativo decidió “endurecer” los requisitos para ocupar la dirección del organismo, exigiendo título profesional en materias afines a su objeto y cinco años de experiencia comprobable en la materia. El problema es que esa disposición, además de ser ambigua, termina funcionando como una especie de camisa de fuerza que, en los hechos, parece favorecer sobre todo a perfiles técnicos o de ingeniería.
Pero el SIAPA no es únicamente una institución técnica. También administra enormes recursos humanos, materiales y sobre todo, financieros. Su viabilidad depende tanto del conocimiento hídrico como de la capacidad para tomar decisiones de gestión pública, administración y saneamiento financiero.
No debe perderse de vista que los servicios de agua potable, drenaje y alcantarillado son una responsabilidad municipal, conforme al artículo 115 constitucional. Sin embargo, el crecimiento de la Zona Metropolitana de Guadalajara obligó a coordinar esfuerzos entre municipios y dio origen al SIAPA. Con el tiempo, ese organismo creció en tamaño, número de usuarios y complejidad, y se decidió entregar al Gobierno del Estado la facultad de nombrar a su director.
Eso implica que el Gobierno estatal es corresponsable directo del desempeño del SIAPA. Pero esto no exime a los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá, que siguen siendo responsables de garantizar el derecho humano al agua y a los servicios de saneamiento.
Todo esto conduce a una reflexión de fondo: dirigir el SIAPA no sólo requiere conocimientos técnicos sobre el agua; exige también capacidades sólidas de gestión pública y administración financiera.
Las auditorías recientes muestran con claridad uno de sus grandes males: una cartera vencida superior a los 13 mil MDP, es decir, una enorme cantidad de usuarios —incluidas entidades públicas— que consumen el servicio, pero no lo pagan. Ese boquete financiero limita inversiones, mantenimiento y mejora del servicio.
Dicho en términos simples: de poco sirve ser un erudito en temas hídricos si no se sabe administrar una institución que maneja miles de millones de pesos y cuya sostenibilidad depende de decisiones financieras, organizacionales y administrativas acertadas, pero sobre todo, de la gestión del cobro por sus servicios.
Por eso, en la discusión sobre la reconfiguración del nuevo SIAPA, convendría revisar seriamente qué debe entenderse por perfil idóneo para dirigirlo. La pregunta de fondo es sencilla: ¿debe encabezar el organismo exclusivamente un técnico del agua o alguien con capacidad probada para administrar una institución pública compleja?
Los resultados están a la vista. Y todo indica que, claramente, actualmente las cosas no están bien en el SIAPA.