El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ya tiene consecuencias sobre la economía mundial. Por dicho estrecho pasa el 20% del petróleo mundial y del gas natural licuado y el 30% del comercio internacional de fertilizantes como la urea, amoniaco y fosfatos.
Ello ha hecho muy volátil el precio del petróleo, el West Texas Intermediate (WTI) pasó de 67.30 dólares el barril antes del inicio del conflicto militar a 108.28 dólares el 8 de marzo, y a 93.96 dólares este 16 de marzo. Y el Brent pasó de 73.21 dólares a 114, y 101.48 dólares en esos mismos días. Por su parte, el precio del barril del petróleo mexicano pasó de 54.9 a 93 dólares el viernes pasado, un precio no visto en 4 años.
El peso se depreció frente al dólar al pasar de 17.21 pesos por dólar un día antes de la guerra, a 17.92 pesos por dólar el viernes pasado. Esto generará presiones inflacionarias porque en México, 80% de lo que se importa es maquinaria, equipo y materia prima.
Muchos piensan que el alto precio de la mezcla mexicana de exportación beneficiará las finanzas públicas, sin embargo, esto no es así porque la balanza comercial petrolera es deficitaria, e importamos más combustibles y derivados del petróleo de lo que exportamos. En pocas palabras, México es un importador neto de productos petrolíferos y tiene un déficit energético del 0.2% del PIB de acuerdo con Goldman Sachs.
México importa el 52% de la gasolina que consume y 76% del gas natural, básicamente desde Estados Unidos y, en este 2026, las exportaciones han caído un 44% comparadas con 2025. Hoy exportamos 294 mil barriles diarios contra 532 mil barriles en enero de 2025, representando el nivel más bajo desde los años 80, y desde 2018 la caída acumulada ha sido del 82 por ciento.
México también es un importador neto de fertilizantes, lo que representa el 75% del consumo local, entre ellos la urea, cuyos principales proveedores son Omán y Qatar, y el conflicto en Medio Oriente ha elevado el precio un 24% desde el inicio de la guerra; el amoniaco un 15%, el DAP un 13% y el MAP un 9%, impactando regiones agrícolas como Sinaloa, Jalisco, Michoacán y otros estados, elevando los costos de producción del maíz hasta un 30%. La producción de fertilizantes nitrogenados utiliza gas natural como combustible, y este gas representa entre el 60 y el 80% del costo total de producción.
Otro problema relevante es el costo del transporte terrestre de mercancías, ya que en México el 80% de las mercancías se transporta por vía terrestre, principalmente tractocamiones y autotransporte de carga, y el 80% de dichos medios de transporte utiliza diésel, y este combustible también ha subido de precio al pasar de 26.50 pesos por litro promedio, en febrero, a 28.12 pesos por litro al 15 de marzo, y los fletes de productos por carretera han aumentado entre el 6% y el 9% en lo que va del año.
Por ello, el Gobierno de México activó un subsidio al precio del diésel del 35% o 2.50 pesos por litro, para tratar de amortiguar el incremento en el precio, y por ende el incremento en el precio del transporte público y de mercancías, aunque en un principio el subsidio sólo estará vigente del 14 al 20 de marzo, apostando a que la guerra termine pronto.
La inflación en México en marzo de 2026 aumentó a 4.02% y está impulsada principalmente por los alimentos frescos. De hecho, los precios de productos agropecuarios aumentaron 4.50% y entre ellos las frutas y verduras aumentaron 9.88%, según datos del INEGI, lo que se agravará por la escasez de fertilizantes.
La guerra ya afecta a la economía mexicana con mayor inflación presionada por los precios internacionales del petróleo, la gasolina, los fertilizantes y los problemas de logística y cadenas de suministro, además de la depreciación del peso.
Por otro lado, está generando volatilidad en los mercados financieros internacionales por el incremento en la incertidumbre sobre su duración y sus efectos económicos. Ello afectará las tasas de interés y el servicio de la deuda, tanto interna como externa. Actualmente, el costo de la deuda representa el 3.7% del PIB según el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, además de representar entre el 18% y el 20% del gasto público total y entre el 15% y el 16% de los ingresos presupuestales. El otro problema es que dichos intereses superan la inversión física realizada por el gobierno.
Finalmente, dada nuestra estrecha dependencia de la dinámica económica con Estados Unidos, el impacto negativo o positivo que la guerra tenga sobre esa economía afectará también a México en nuestras exportaciones, remesas e inversión extranjera.
