Cada mes de marzo llega con una doble carga: la del orgullo por lo que hemos construido y la del dolor por lo que todavía nos cuesta. Este año, desde Movimiento Ciudadano Jalisco, lo hemos vivido con una convicción que se ha ido consolidando elección tras elección, gestión tras gestión: con nosotras el futuro es naranja, y los números lo sostienen.
Hoy gobernamos con 16 alcaldesas en todo el Estado, mujeres que representan a más de 1.8 millones de jaliscienses, que resuelven problemas reales, que administran presupuestos, que negocian con la federación y que llevan servicios a comunidades que durante décadas esperaron a que alguien llegara a escucharlas. Contamos además con nueve diputadas, ocho de ellas en el Congreso local y una más en la Cámara de Diputados; cerca de 250 regidoras y síndicas distribuidas en los municipios de Jalisco, tomando decisiones en los cabildos, participando en la definición de prioridades locales, ejerciendo un liderazgo que no llegó de regalo, sino que se ganó con trabajo, con presencia y con resultados.
No son cifras para adornar un discurso en el marco del 8M. Son el producto de una decisión política que en Movimiento Ciudadano tomamos en serio: la de que la paridad no es una cuota que se cumple en el papel, sino una forma de entender la política que se practica en la realidad. Que las mujeres no llegamos a ocupar espacios simbólicos, sino a gobernar de verdad, con agenda propia y con la legitimidad que da el voto directo de la gente.
Esto importa porque la presencia no basta si no viene acompañada de contenido, y en Jalisco lo estamos demostrando. Municipios encabezados por mujeres de nuestro partido que han apostado por la transparencia, por la atención ciudadana, por construir desde lo local lo que el centralismo nunca terminó de resolver. Ese es el futuro naranja que estamos edificando, con paciencia, con convicción y con la claridad de que el camino todavía tiene mucho por recorrer.
Y precisamente porque sabemos lo que cuesta, este 8M también fue un momento de memoria y de dolor. Alzamos la voz para pronunciar los nombres de Cecilia Ruvalcaba, regidora de Teocaltiche asesinada en mayo de 2025 mientras cumplía su turno en el hospital comunitario donde también trabajaba como jefa de enfermeras, y de Blanca Álvarez, regidora de La Manzanilla de la Paz, encontrada sin vida en febrero de este año. Dos compañeras nuestras que pertenecían a comunidades donde el servicio público se ejerce de cerca y sin protocolos, dos compañeras que eligieron estar, decidieron servir, y las dos pagaron con su vida ese compromiso. Su historia nos recuerda que, para muchas mujeres en este país, participar en política sigue siendo un acto de valentía que no debería serlo, y que mientras eso no cambie, el 8M y todos los días seguirán siendo de lucha.
No guardamos un minuto de silencio. Dijimos sus nombres, porque la mejor forma de honrarlas es seguir en el trabajo que ellas no pudieron terminar.