Hablar del SIAPA no es una moda, ni una coyuntura; es poner en evidencia la aguda crisis que vive el organismo. Y, sin quitar el dedo del renglón, vale la pena insistir en lo que debería pasar con el SIAPA.
La palabra “reestructura” suena bien. Es técnica, ordenada, hasta esperanzadora. Da la impresión de que, ahora sí, las cosas van a cambiar, de que llegó el momento de corregir el rumbo. Y en el caso del SIAPA, hay que decirlo con claridad: la reestructura no solo es urgente, es necesaria. Pero, sobre todo, es inevitable.
El problema es que hay algo que suele omitirse en estos procesos: antes de reestructurar, hay que entender qué se hizo mal. Porque si no se reconoce el origen del problema, lo único que se hace es reorganizar el mismo error y correr el alto riesgo de repetirlo.
Durante semanas hemos escuchado que el organismo enfrenta problemas financieros, que requiere ajustes, que necesita recursos. Pero los propios datos oficiales cuentan una historia distinta. Y cuando digo datos oficiales, me refiero a sus informes anuales, al alcance de cualquiera.
En 2025, el SIAPA facturó más dinero que nunca en su historia: más de 5 mil 300 millones de pesos. Es decir, ingresos hay. El problema no es cuánto entra, sino cuánto se logra cobrar. Porque de ese monto solo se recupera poco más del 71 por ciento. El resto —más de mil 500 millones de pesos en un solo año— simplemente no se cobra. Dicho en términos simples: el SIAPA no es un organismo pobre; es un organismo que no sabe cobrar. Pero ahí no termina el problema.
Mientras se habla de falta de recursos, el número de usuarios sin medidor —es decir, que no pagan por lo que realmente consumen— ha crecido en lugar de disminuir. Hoy son más de 265 mil cuentas sin medición. En lugar de mejorar la eficiencia, el sistema retrocedió. Y, como si eso no fuera suficiente, hay algo todavía más delicado: ni siquiera se sabe con precisión cuánta agua se pierde en el camino o, si se sabe, no se da a conocer en sus informes. Y eso también tiene nombre: falta de transparencia. El organismo envía cientos de millones de metros cúbicos a la red, pero no informa cuántos realmente se facturan. Es como llenar una cubeta con agujeros… y no querer saber cuánta agua se está escapando.
Mientras tanto, el gasto en químicos para tratar el agua se disparó más de 400 por ciento en seis años, sin que el volumen tratado haya crecido en la misma proporción. Traducido: el agua que llega está peor y la solución ha sido ponerle más químicos, no corregir el origen del problema: la contaminación de las fuentes de abastecimiento, ya sea Chapala, las presas o el agua subterránea. Y si alguien pensaba que, al menos, la gestión financiera había sido prudente, tampoco es el caso.
La cartera vencida prácticamente se duplicó, alcanzando cifras cercanas a los 17 mil millones de pesos, de los cuales una parte importante ya ni siquiera es recuperable, pues después de cinco años prescribe. A eso se suma una deuda bancaria que creció más de 60 por ciento, mientras ayuntamientos y otras instancias públicas le deben al organismo más de mil 200 millones de pesos. Es decir, no se cobra lo que se debe, pero sí se pide prestado.
La pregunta, entonces, no es si el SIAPA necesita reestructurarse. Eso es evidente. La verdadera pregunta es otra: ¿se va a reestructurar el organismo o solo se va a reordenar la misma ineficiencia? Porque una reestructura sin evaluación es, en el mejor de los casos, un acto de buena voluntad. Y, en el peor, una forma elegante de no asumir responsabilidades.
Los datos no son interpretaciones; son hechos. Y los hechos muestran un patrón: se factura más, se cobra menos; se gasta más, se pierde más; se tiene más estructura, pero menos resultados. Reestructurar sin revisar el pasado no es solución. Es administración de la crisis. Y cuando el agua —literalmente— ya no alcanza, lo mínimo que debería exigirse no es solo un nuevo plan, sino una explicación clara de cómo llegamos hasta aquí.
No se trata de buscar culpables por simple afán retrospectivo. Lo importante en este momento es resolver, innovar y reestructurar una institución que, lamentablemente, muestra signos evidentes de agotamiento. Con visión de Estado, se trata de diagnosticar adecuadamente, corregir el rumbo y eficientar una institución tan noble como el SIAPA, a efecto de garantizar algo tan básico como el derecho humano al agua.