La Revolución, para la filósofa y teórica política alemana-estadounidense Hannah Arendt, es ser libre para emprender un nuevo comienzo y la libertad, la describe como la posibilidad de revelarse en un espacio público mediante la palabra, “sin estar atado a las necesidades”.
En el Gobierno de Guadalajara, bajo la visión de nuestra presidenta Vero Delgadillo, lo que queremos es que las familias tapatías tengan la libertad de disfrutar de sus espacios públicos, en un entorno amigable, tanto física como socialmente, donde las diversas expresiones sociales puedan coincidir y convivir.
Por esta razón, hace casi un año, se tomó la decisión de cerrar un espacio, confinarlo para restaurarlo, pero sobre todo, para darle esa libertad que requería, volviendo sí a sus orígenes, hablando sobre todo arquitectónicamente, pero también retomando el Parque Revolución como una bonita área pública para niños, niñas, jóvenes y adultos, donde la cultura, el arte, el esparcimiento y la sana convivencia, sean los principales articuladores.
El Parque Revolución, el espacio que en el siglo XIX albergó una prisión, y los hermanos Barragán concibieron en 1935 como un área de libertad, de vida, de encuentro social, fue reabierto este miércoles 25 de marzo, después de un delicado trabajo de restauración para regresarlo a las condiciones con las que fue construido.
Por ello, y ante el interés de nuestra presidenta Vero Delgadillo de que los espacios públicos de Guadalajara sean realmente de las y los tapatíos, que las y los ciudadanos se apropien de ellos y sigan siendo un punto de encuentro para todas las edades, es que, a la par de los trabajos de Obras Públicas y Servicios Públicos Municipales, se hizo una labor de socialización con vecinos, comerciantes, colegios de arquitectos, urbanistas, colectivos y liderazgos sociales, para escucharlos y conocer sus inquietudes respecto a este parque.
Nuestro principal interés, como gobierno, fue buscar el punto de encuentro de las demandas sociales. No se trata de prohibir, sino de abrir el espacio a todas las expresiones, conforme a los reglamentos municipales, y ofrecer alternativas.
Hace una semana, en este mismo espacio, hablaba de los hitos urbanísticos de nuestra ciudad, de esos rincones tapatíos en donde la gente construye historias que forman parte de su memoria individual, pero también que han marcado la huella colectiva de nuestro municipio.
Por eso, nos llena de satisfacción reabrir el Parque Revolución lleno de vida, de áreas verdes, de bancas amarillas, de muros rojos, de área infantil, de la fuente de sodas y baños recuperados, de una nueva Plazoleta de la Diversidad, de la Plaza de la Música, de un Paseo de la Arquitectura, todo en un mismo sitio donde, además, coinciden con una estación, de las más concurridas, del Tren Ligero, de parada de autobuses, ciclovía y una de las avenidas más importantes de la ciudad.
La libertad para Hannah Arendt es el fin de la revolución, pero hoy podemos asegurar que en la revolución del parque, será un nuevo comienzo porque para cuidar de Guadalajara, debemos cuidar sus espacios públicos y convertirlos en verdaderos hitos donde se creen buenas memorias tapatías.