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2 abril 2026
Anuar García Gutiérrez
Anuar García Gutiérrez
Doctor en Derecho, Presidente de México SOS capítulo Jalisco, Abogado Litigante en materia penal, con Maestrías en Derecho Público y en Sistema Acusatorio Adversarial, con especialidades en Derecho Penal sustantivo, Derecho Penal Procesal, Derecho Constitucional y Amparo, así como poseedor del Posdoctorado en Derecho Penal.

Donald Trump es quien gobierna México

1 abril 2026
|
05:00
Actualizada
22:27

El crimen organizado en México dejó de ser un problema de seguridad pública para convertirse en una disputa real por el control territorial. En distintas regiones del país, el Estado no gobierna con firmeza, no investiga con eficacia y no contiene con resultados. Cuando el poder institucional se debilita frente a estructuras criminales que imponen miedo, cobran, desplazan, reclutan y controlan comunidades, lo que está en juego ya no es solamente la seguridad, sino la capacidad misma del Estado para sostener su soberanía.

Los datos lo respaldan. México cerró 2024 con más de 33 mil homicidios, mientras la percepción de inseguridad continúa siendo una de las más altas del país, de acuerdo con cifras del INEGI. A esto se suma una realidad cada vez más evidente: el crimen organizado ya no solo trafica drogas, también controla economías locales, rutas, territorios y decisiones sociales donde la autoridad ha sido rebasada o desplazada.

Frente a este escenario, Estados Unidos dejó de mirar el problema como un asunto exclusivamente mexicano. El tráfico de drogas sintéticas, especialmente el fentanilo, y las miles de muertes por sobredosis registradas cada año en territorio estadounidense, han convertido a México en un punto central de su agenda de seguridad nacional. Y cuando un país poderoso interpreta que su vecino no puede o no quiere contener una amenaza que también lo afecta, la cooperación deja de ser una invitación y empieza a convertirse en presión.

Donald Trump ha dejado clara esa postura. Su estrategia combina seguridad, comercio y política exterior como mecanismos de presión directa. Los aranceles, el endurecimiento del discurso y la insistencia en tratar a los cárteles bajo una lógica más agresiva, forman parte de un mismo mensaje: si México no recupera el control de su territorio, otros buscarán imponer condiciones para hacerlo.

Ese es el verdadero riesgo. La soberanía no se pierde solamente con una intervención formal; también se debilita cuando un Estado demuestra incapacidad para ejercer autoridad dentro de sus propias fronteras. Ningún país conserva plena autonomía si no puede contener a quienes desestabilizan su territorio, afectan a su población y generan consecuencias internacionales.

México no necesita defender su soberanía solo en el discurso. Necesita defenderla con instituciones funcionales, inteligencia operativa, control territorial y una política de seguridad que realmente enfrente al crimen organizado. Porque todo indica que Donald Trump no es un actor político que espere indefinidamente a que México reaccione. Su lógica ha sido clara: cuando considera que un problema afecta directamente a Estados Unidos, no apuesta por la paciencia, apuesta por la acción. Y en un escenario donde México sigue perdiendo control frente al crimen, eso debería encender mucho más que una alerta diplomática.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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