La vida pública en nuestro país se ha convertido en una permanente sucesión de crisis por resolver. En ningún lugar esta escrito que el ejercicio de gobierno debe ser un día de campo, pero en el país del “segundo piso de la cuarta transformación”, se le niegan incluso un par de días de reposo a la presidenta Claudia Sheinbaum. Y ahora, en medio de las vacaciones de Semana Santa y Pascua, se presenta una crisis de movilidad con cierres carreteros en 20 estados del país; se trata de una protesta de transportistas de carga pesada y productores agrícolas.
Desde la oficina de la Secretaría de Gobernación que encabeza la señora Rosa Icela Rodríguez, se lanza un mensaje cargado de ingenuidad –por estrategia o por ignorancia, pero ambas razones revelan incapacidad– en el que se afirma que ningún sector social tiene motivos para movilizarse y bloquear carreteras, porque “todos están siendo atendidos”.
Es un asunto casi de carcajada. La política de atención del gobierno federal a las inconformidades sociales se ha convertido desde el sexenio pasado en un trámite obligatorio: si quieres que te atiendan, protesta y cierra vías y espacios públicos. Si no protestas, fórmate y espera a que la burocracia gubernamental te atienda alguna vez… si te atiende.
¿A quién le quiere mentir la secretaria de Gobernación, si ninguna inconformidad social se ha resuelto en años a menos que se trate de protestas públicas? Y naturalmente, quienes protestan deben tener interlocutores válidos en la lógica de la política de Morena. De lo contrario, serán condenados públicamente como agitadores sociales, si no, que le pregunten a quienes han protestado contra el desabasto de medicamentos o contra la violencia a las mujeres, o contra la ineficacia oficial ante el fenómeno de los desaparecidos.
Más allá de cómo se resuelven los conflictos sociales en la 4T, queda claro que las movilizaciones de transportistas y agricultores (principalmente productores de maíz, aunque también están adheridos al movimiento productores de agave y otros grupos) no son inmediatas. Llevan años incubándose y llevan años, también, siendo ignorados.
Para quienes de inmediato acusen politización en la protesta, no será posible acreditar que “la extrema derecha” o “los neoliberales” están detrás de los bloqueos.
Como es entendible, una movilización como la de hoy, que lleva desde diciembre del año pasado manejando la posibilidad de bloquear carreteras en el país, tiene detrás muchos liderazgos políticos y nexos con los partidos, pero con todos, sin excluir a Morena.
Sin embargo, las inconformidades tienen orígenes diversos: el encarecimiento de los combustibles, la inseguridad en las carreteras, la extorsión y los ataques a transportistas; las importaciones sin freno de productos industrializados que compiten deslealmente con los productos nacionales.
Y siempre, inevitablemente, los productores y transportistas mexicanos deben esperar a que “las circunstancias internacionales” mejoren y le faciliten al gobierno federal su papel como mediador.
Hasta el cierre de tiempos para la redacción de este texto, no había certeza del tamaño de las movilizaciones y los cierres carreteros. Se manejaron 20 estados y la certidumbre se mueve según tengan habilidad de negociar autoridades en cada Estado. Lo cierto es que los productores y transportistas tienen razón en sus quejas.
Y como nos queda claro a todos: si no protestan, no los van a atender.