El precio de la gasolina no empieza en la gasolinera, sino en un entorno internacional marcado por tensiones como las que recientemente han elevado el costo del petróleo a partir del conflicto en Medio Oriente, cuyos efectos, aunque variables en el corto plazo, terminan trasladándose a algo mucho más cotidiano: el costo de mover prácticamente todo.
Cuando la energía se encarece, también lo hace la estructura que sostiene la economía, desde el transporte de mercancías hasta los procesos productivos, generando un efecto que no se anuncia de forma directa y que progresivamente se incorpora en los precios finales de los bienes de consumo diario.
En ese contexto, el gobierno federal ha optado por amortiguar el impacto inmediato mediante la reducción del IEPS, lo que permite mantener la gasolina magna en 24 pesos por litro y sostener un subsidio que también alcanza al diésel, particularmente sensible por su papel en la cadena logística.
Esto implica que el consumidor no absorbe completamente el incremento derivado del mercado internacional, aunque la diferencia no desaparece, sino que se traslada a las finanzas públicas, donde se asume el costo de contener una presión externa que, en realidad, no está bajo control interno.
Al mismo tiempo, se plantea una estrategia de fondo orientada a fortalecer la soberanía energética mediante el incremento en la producción de gas natural y la reducción de la dependencia del exterior, como fue planteado recientemente en la conferencia matutina, en un país que actualmente importa la mayor parte de este recurso y, por lo tanto, permanece expuesto a variaciones de precio, conflictos internacionales y decisiones ajenas.
Esa ruta requiere tiempo, inversión y desarrollo tecnológico, lo que implica que, durante años, la economía seguirá operando bajo las condiciones del mercado global, en un escenario donde la dependencia no desaparece, sino que continúa definiendo los márgenes de acción.
Más allá del precio que se paga por litro, lo que se pone en juego es la capacidad de decisión sobre ese costo, en un equilibrio constante entre contener el impacto en el presente y construir, a largo plazo, condiciones que permitan reducirlo.